El misterio esquivo de la creatividad

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Hace un par de días llegó a mi correo una invitación a un curso: “Creatividad, puedes ser más creativo”. Me pareció interesante y comencé a leer los contenidos, a informarme acerca de sus objetivos, del número de clases y de los docentes que lo impartían. Paradojalmente, al revisar todo lo concerniente a esta potencial oportunidad de perfeccionamiento, no encontré actividad alguna donde poner en práctica lo aprendido y, me pareció, poca relación había entre la dura teoría detrás y las pretensiones de fomentar la creación.
En realidad, dudo que la creatividad pueda ser algo que se aprenda con una pizarra o meramente leyendo. Sí, pueden ser importantes en alguna instancia para entender el proceso e incentivarlo, mas no los únicos requisitos e insumos.
Me puse a pensar, ¿Qué hago en el diario a diario para crear más y mejor? Comenté aquello con amig@s cercanos; poetas, compositores, escritores, payadores, pintores, ilustradores y músicos que ponen su intelecto a servicio de dar vida a algo previamente inexistente.
Tod@s, sin excepción, coincidimos en que no hay una sola receta. Cada quien toma las medidas que considere pertinentes para sentirse en ese “estado”, para imbuirse en cierta actitud que motiva, que abre el aparato cognitivo y es su motor.
A algunos les hace bien viajar, a otros escuchar cierto tipo de música, ver alguna película, conversar con ciertas personas que son interesante, tomar mate, practicar algún deporte, explorar un paraje ignoto. En fin, salir de lo cotidiano.
Eso, por una parte, ya que tod@s también estuvimos de acuerdo en que se requiere de una disciplina que te acostumbre a estar “en lo tuyo”. Conocidos ejemplos hay. Amélie Nothomb, escritora prolífica de origen belga y cuya literatura toca a todo el mundo, escribe durante las noches con un pijama especial para ese fin y durante exactamente el mismo número de horas todos los días. George Harrison, hablando de sus días de juventud y recordando a su colega Beatle John Lennon, mencionaba que este le había dado algunos trucos para componer. El principal de ellos era terminar una canción en el mismo momento en que empezara a escribirla, aprovechar el ánimo que le inundaba y no pensar en otras cosas hasta haberla acabado.
El Maestro Atahualpa Yupanqui decía en alguna entrevista que su obra clave, El Payador Perseguido, sufrió cambios drásticos, progresivos y constantes durante quince años, antes de que se convenciera de su calidad y de sus virtudes.
Exigencia, disciplina, parecen ser las claves.
Es así como se encuentra a la tan manoseada, poco comprendida y esquiva, inspiración. Algo que el común de la gente piensa es un toque divino que llega de repente y sin previo aviso, cambiando como el artista percibe el mundo y dándole, además, habilidades sobre naturales con las que puede acceder a campos de conciencia no accesibles para los legos.
Las musas no llegan a visitar a quien está haciendo nada, muy por el contrario, usualmente les encuentran con un pincel en las manos, con una guitarra que está sonando o con una hoja en blanco al frente.
Muy manida es la frase de Pablo Picasso, “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Aunque muy usada, no por eso deja de ser precisa y explicativa en grado sumo. El trabajo es la clave, pero no con una forma nimia y ociosa de abordarlo. Hay que estar abierto en todos los sentidos y con mente, alma, cuerpo y espíritu.
De los diálogos con mis cercanos, de las charlas con los referentes he ido aprendiendo que hay ciertos requisitos a cumplir, una sensación que invade la cabeza, algo superior al mismo individuo que le dice que va por buen camino. Que está entregando un mensaje universal y dándole una vuelta de tuerca a cosas simples y mirando el mundo con otros ojos.
¿Fórmulas? Nadie ha sido de revelarme alguna. La creatividad, especulo, aún se mantiene en el terreno de los heurísticos y no de los algoritmos. Se pueden elaborar estrategias para acercarse a ella, pero nadie garantiza que ese sea el resultado.
Doña Violeta Parra, mencionó: “La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”.
En lo personal no conozco, hasta el momento, alguien que se haya hecho más creativo por haber tomado un curso para ello.
 

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