La vocación te salve

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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Cada vez somos más objeto de lo externo, y una consecuencia de esa relación de aprendizaje es el desconocimiento del papel del bagaje interior en nuestro desarrollo individual y colectivo, lo cual conlleva a una deficiente interlocución con elementos de diálogo, necesarios para mantener un análisis preventivo de los actos que ejecutamos, y formar opiniones propias y seguras.
¿Qué significa promover la mirada hacia sí mismo en el individuo?
Pueden ser muchas las respuestas, pero se nos ocurre mencionar, sin mucho temor a la equivocación, que cuando el aprendizaje social del individuo incluye procesos de interiorización, éste aprende también a dialogar con su consciencia en un plano de igualdad, y a establecer comparativos con la de los demás, y por ende, a crear conocimientos partiendo de una experiencia personal real.
Entre los componentes de nuestro bagaje interior, que ejerce una influencia fundamental en el desarrollo de cualquier actividad humana, está la vocación.
La vocación es una técnica natural a la cual se le da escasa importancia, y a la que cuando su evidencia es tanta, que no se la puede ignorar, se intenta desviar su esencia, denominándola, don divino, con lo cual se sugiere la ausencia de participación activa de quien la posee, en su fortalecimiento y en el ejercicio de tareas que con apoyo de la misma pueda ejecutar. Esto quiere decir, más o menos, que estamos condenados a carecer de autonomía, y que nuestro destino está en todas las manos, menos en las nuestras.
Las menciones que se hacen sobre la vocación, para tratar de explicar, no de interpretar, su incidencia en cualquier proceso, es elusiva, pues se toma como un ingrediente que puede faltar en el individuo, sin causar detrimento en su desarrollo.
Dicen los expertos acerca de ésta, lo mismo que sobre aquella otra técnica de origen natural conocida con el nombre de talento, y también bautizada ocasionalmente como don divino, que las dos pueden ser reemplazadas por técnicas externas acompañadas de una férrea disciplina.
La vocación, entonces, fluye en el interior del individuo, libre, anhelante, exigente, y cuando emerge con expresiones que no corresponden a los modelos cuya interpretación enseñan las técnicas creadas para uniformar el pensamiento, su producto es apartado como algo a lo cual le hace falta regulación, moderación, afinación, refinamiento, técnica, etc.
Además de los obstáculos que la vocación puede encontrar cuando se enfrenta a las técnicas, se agrega el de la gran aliada de éstas, la educación, porque su diseño conduce al individuo a un sostenido proceso de desarraigo, cuyo resultado final es el desconocimiento de sí mismo, la pérdida de la confianza, la ausencia de una consciencia autónoma, y el desconocimiento de sus facultades creativas.
Aunque no está dicho en ningún manual de funciones, la que más caracteriza a la educación es la de procurar el desarraigo del ser humano de su esencia, y para hacerlo, el sistema educativo, cualquiera sean los intereses a los que responda, inicia sobre el individuo, desde su edad más temprana un proceso de adiestramiento, que lo conduce finalmente a tomar todos los ejemplos del exterior para moldear su vida, y claro, a portar a lo largo de ésta una conciencia prestada, con lo cual se va alejando de toda posibilidad de ser él mismo.
    

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