Infectado

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Me duele la cabeza de escuchar 24/7 sobre lo mismo desde hace demasiado tiempo ya.
Me duelen músculos que no sabía tener de tanto resistirme a sucumbir ante la presión de la masa.
Me cuesta respirar esta atmósfera mono temática de pandemia económica disfrazada de pandemia sanitaria.
Me cuesta creer que esta realidad sea real.
No dejo de pensar en Paul Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, y en una de sus frases para el bronce; "Mientras más grande sea la mentira, más gente la creerá".
Me resisto a creer todo lo informado por los medios de desinformación, aunque dado el efecto masa, debo confesar que las pocas veces que he debido salir, parezco cuatrero a punto de robarme una cabeza de ganado.
Nada original, todos llevamos mascarillas cubriendo boca y nariz, y un enorme temor compartido sobre nuestros hombros.
"Yo no creo en brujos, pero de que los hay, los hay".
Y si hablamos de cuatreros y brujos, elija su candidato para la reelección a un escaño en el parlamento, candidato que se representará a sí mismo.
Con esto del exceso de información para desinformar, nada es verdad, nada es mentira. Nada es y todo puede ser.
Fake news suena más cool.
La verdad individual no pesa nada ante el constructo de la verdad social. Solo es una digresión porque, qué verdad podría tener un simple ciudadano como yo, absolutamente ignorante en infectología y otras lides médicas.
Solo se que nada se, y hoy en día más que nunca, ni siquiera de eso estoy seguro. Me siento un ignorante absoluto, absolutamente informado por los medios de comunicación masivos capaces de amasar la opinión pública a su imagen y semejanza.
Aplanar la curva es la premisa fomentada, pero cómo hacerlo si ni siquiera soy capaz de aplanar mi curva adiposa abdominal.
Los gráficos muestran un incremento significativo en las muertes Covid.
¿Con Covid o por Covid?
Cuando los conquistadores españoles llegaron a tierras sudamericanas navegando sus frágiles carabelas de madera, los aborígenes morían víctimas de un simple resfriado.
Hoy habría que preguntarse quienes son los conquistadores contemporáneos navegando por internet en compañías de acero, y quienes serán sus víctimas. Entre bueyes no se dan cornadas y de seguro las marcas líderes afianzaran su liderazgo construyendo sus templos de consumo sobre lo que serán los restos arqueológicos de pequeñas empresas familiares.
Cuando los autóctonos lograron generar anticuerpos, siguió la conquista por la violencia del alcohol y el hambre.
Con la pandemia económica y los miles de puestos de trabajo fagocitados por las multinacionales, la violencia del hambre de seguro vendrá y las drogas sintéticas son mucho más eficaces que el alcohol.
Que el futuro incierto nos encuentre confesados y por las dudas, vacunados mirando hacia la meca.
Ya lo sé, ya lo sé, solo he escrito estupideces sin sentido.
Perdón, debe ser por la fiebre que tengo.
Cof, cof.
Despreocúpense, lo que escribí con la mano y lo cubro con el codo.
 

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