sicarios

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Sicarius es el plural latino de sicarium; hombre que usa una daga de nombre sica para asesinar por contrato o encargo.

Este término se aplicó, por analogía a los insurrectos que procuraron expulsar a los romanos y a sus partidarios de Judea. El grupo de los sicarios era conocido por ser el más violento de entre los judíos, quienes formaban parte a su vez del grupo de los zelotes, una facción del Judaísmo de la época romana que practicaba sus cultos de forma muy celosa (de ahí el origen de su nombre) y que solían criticar duramente a otras facciones judías como los saduceos o los fariseos.

Hoy en día en que las religiones se disputan el disminuido reino de los creyentes cada vez más incrédulos ante promesas dogmáticas de vida eterna no comprobable y en que la verdadera religión omnipotente y por sobre todo omnipresente parece ser el dinero, los sicarios siguen ejerciendo su remunerada labor de exterminio. Quizás ya no utilicen la sica como su arma por excelencia y quizás tampoco ultimen a sus víctimas sino que las desangran hasta la última gota de su esfuerzo para nutrirse de las esperanzas incumplidas de agobiados seres casi humanos.

Las armas ahora operan dentro del marco de la legalidad y adoptan los nombres falaces de créditos de consumo, dinero de plástico, hipoteca o cuentas por pagar. Si la crueldad de los sicarios de antaño era evidente por lo violento de sus asesinatos, los sicarios contemporáneos no lo hacen nada mal ya que la agonía de sus víctimas puede durar toda una vida e incluso heredarla a sus descendientes.

En este punto creo justo aclarar que la culpa no es del chancho, sino de quien le da el afrecho.

Mientras exista alguien que pague por matar a otro o en nuestros días, quien decida consumir de manera irracional para ver consumida su vida, seguirán existiendo estos depreciables mercenarios económicos de la tranquilidad humana.

Somos nosotros mismos quienes hemos puesto la sica en manos de ambiciones desmedidas capaces de estar en la cima de una inmensa pirámide, sin considerar como el peso de su accionar aplasta a los cientos de miles que están en la base que sustenta el sistema.

Ha llegado el momento de expulsar de toda posibilidad de existencia a esta pandemia consumista.

Desde siempre el arte ha sido el encargado de formular preguntas sin ningún tipo de censura que con el tiempo son respondidas por otros pero ha llegado el momento en que el arte tiene que tirar la piedra y no esconder la mano.

Independiente del ámbito en el cual se desarrolle, un libre pensador, por muy aferrado a las ciencias duras que sea su formación, es un creador por excelencia, un innovador en cuanto a los enfoques de la realidad. Usando los mismos métodos de resolución se llegará a los mismos resultados no siempre positivos.

Ha llegado el momento de la alianza arte/ciencia para ampliar nuestros horizontes. No me refiero necesariamente a la antigua ciencia ficción de Julio Verme que hoy es pan nuestro de cada día sino al liberar el pensamiento creativo para liberarnos de nuestros males las más de las veces artificialmente creados por esa ambición que el sacro santo mercado nos inocula día a día.

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