El poder sanador de la palabra

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Sin darle poderes místicos de sanación sobrenatural, la palabra precisa en el momento adecuado tiene la suprema cualidad de sanar el espíritu o al menos de calmar nuestras inquietudes, esas que nublan decisiones al momento de elegir un camino a seguir.

Incluso antes del comienzo en el uso de la palabra los sonidos asociados a imágenes fueron capaces de sacarnos de la realidad instantánea para llevarnos a mundos de ensoñación donde realidades posibles se nos hacían evidentes. Un rugido, el sonido del relámpago o del viento, gradualmente fueron fonetizados para ser transformados en palabras que con el tiempo poco se parecen al fenómeno que las originó. Con el desarrollo del hombre, tanto su raciocinio como su sensibilidad se complejizaron aumentando su capacidad de asociación al punto en que las imágenes fueron sonidos y los sonidos intelectualizados en dibujos repetitivos llamados letras que al asociarse con otras letras fueron capaces de ser símbolos de lo que querían representar. Más que signos unívocos en su significado, las palabras pueden llegar a ser símbolos relativamente abiertos capaces de englobar conceptos complejos.

Si en los inicios de la vida, un bebé al escuchar el latido del corazón de su madre se calma pues sin duda su mente incipiente es capaz de llevarlo nuevamente a la pasividad de la vida intra uterina, al crecer y ser capaz de asociar adecuadamente el sonido de la palabra mamá con el regazo de su madre, la sola idea de tener cerca a quien lo trajo a este mundo, lo calmará. Por el contrario, cuando pronunciamos o escuchamos palabras como odio, traición, guerra, muerte, nuestro intelecto pero por sobre todo nuestro sentimiento, hará la asociación que nos llevará a todo el sufrimiento provocado por la negatividad del ser humano.

Sufrimiento, injusticia, soledad, desamor nos pueden hacer sufrir mientras amor, amar, amado, vida, vital, son palabras capaces de darnos energía en momentos de flaqueza.

A veces las palabras pueden llegar a perder su potencial simbólico para transformarse solo en una vibración, en un sonido. Los rezos repetidos, algunas canciones de monotonía absoluta e incluso un mantra, solo por citar algunos ejemplos, hacen que las palabras dejen de tener sentido para seducir con su vibración a nuestro raciocinio, el que pierde gradualmente su rigidez cuestionadora para entrar en ámbitos de una imaginación sensibilizada.

Línea, letra, palabra, frase, historia o simple sonido, el lenguaje con su instrumento la palabra, desde siempre y hasta siempre, ha tenido poderosísimos efectos contradictorios; puede llegar a ser la más terrible de las armas de exterminación masiva al sembrar el odio ciego entre quienes la escuchen o llevarnos por caminos de un amor sanador.

Usemos la palabra para re construir la armonía que parece estar perdiéndose. No perdamos la oportunidad de expresarnos y por sobre todo, permitamos e incentivemos a otros para que se expresen llegando así a un círculo virtuoso de sanación por la palabra.

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