Doble discurso

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Quien más quien menos, todos nos movemos por ese límite errático a manera de cuerda floja que es el doble discurso. Condenamos descaradamente palabras ajenas sin considerar las circunstancias que generaron tales dichos y con mayor descaro aun, decimos semi verdades incluso sin tener necesidad de hacerlo, a pesar de ser por supuesto, todos muy honestos.

Palabras como homicidio, matar a un ser humano, son pecados capitales condenables a las penas del infierno. Es cierto que una vida humana es invaluable e insustituible y por lo mismo ¿qué pasa con aquel que asesina a otro ser humano en caso de guerra? Es asesino para los camaradas de armas de quien murió y todo un héroe merecedor de una medalla para quienes son parte de su bando.

¿Doble discurso hecho acción?

Sin llegar a situaciones extremas de vida o muerte, el doble discurso está siempre presente en el decir de otros y en el nuestro también.

Mentiras piadosas dichas a un moribundo en su lecho de agonía, pequeñas hipocresías para estar bien con el jefe, omisiones para no dañar a los niños, falsedades descaradas cuando se llega de madrugada exudando alcohol, la honestidad completa parece ser tanto o más dañina que la verdad y por eso la evitamos instintivamente como una forma de protegernos. En otros niveles también es utilizado como herramienta de manipulación social. Son poquisisisisisimos los políticos que actúan según sus dichos.

¿O será que no somos capaces de argumentar de manera adecuada como para que la verdad más descarnada sea lo que tenga que ser sin dañar en exceso?

¿Es quizás que no sabemos expresarnos con la verdad compleja y preferimos una mentira facilista? Todos hemos tenido que pagar el precio extemporáneo de alguna mentira que creímos efectiva en su momento pero aunque no lo queramos reconocer, todos sabemos que más temprano que tarde se sabrá la verdad con las consecuencias nefastas que acarreará el no haberla expresado en el momento adecuado.

Nos hace falta entrenamiento en el uso de la comunicación efectiva, no solo en el que se da por el intercambio de palabras, sino que esa rica comunicación total que solo se logra cuando se está plenamente comprometido y convencido con el mensaje que se quiere transmitir.

Léxico, volumen, ritmos, cadencias, silencios, gestos, proximidad, contacto visual, las herramientas de la comunicación son variadas, complejas y efectivas si las sabemos ocupar.

Hoy en día la seducción de la multimedia y las redes sociales ha hecho que el contacto humano se esté limitando a la visión de una pantalla como la que ustedes ven ahora.

¿Alguien podría imaginar donde estoy escribiendo estas palabras, como estoy vestido,  si estoy tranquilo o agitado, cansado o entusiasmado? Todos esos pequeños detalles que no pueden atravesar una pantalla son los que ayudan a que la comunicación sea más efectiva.

Solo recuperando el contacto directo con nuestros semejantes seremos capaces de detectar de manera incuestionable el doble discurso capaz de llevarnos a engaño. Percibiendo todos esos detalles que intervienen en un acto comunicativo presencial, podremos distinguir todos los sentimientos existentes detrás de unas palabras e incluso si no existe sentimiento alguno, por lo que nos será evidente la intención oculta detrás de una sonrisa no sincera, un apretón de manos hipócrita, un halago utilitario o una palabra afilada. El doble discurso, aunque sigan y sigamos usándolo, será incapaz de pasar desapercibido.

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