Recuerdos

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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El recordar es otro de los mecanismos de auto sanación de la especie humana. Lo que recordamos de nuestro pasado nunca es lo que en realidad fue si no una re construcción que el cerebro genera a partir de la experiencia, para hacernos la vida más vivible. Con el tiempo los episodios negativos se van difuminando hasta recordar solo la esencia y desaparecer los detalles, mientras las experiencias positivas se van enriqueciendo y adquiriendo detalles que quizás nunca existieron hasta re construir una nueva realidad que nunca pasó. No es una mentira, solo una deformación. ¿Por qué vivir tomando como cierto una falsedad? Por un segundo imaginemos que sea a la inversa, que lo positivo desapareciera gradualmente y lo negativo llenase nuestras vidas. Nos cargaríamos de tanto pesar que sin duda alguna el vivir sería insoportable y la tasa de suicidios aumentaría significativamente. Si en cambio recordamos el pasado como algo bello, nos sirve como un buen punto de partida para todo nuevo inicio. Un puerto seguro desde el cual zarpar y al cual siempre podremos llegar. Ya que conocemos la mecánica, solo nos queda construir recuerdos positivos cada día para que nuestro cerebro se encargue de sublimarlos, que de los negativos, a pesar de este mecanismo natural de defensa, siempre tendremos más que suficiente. En teoría el recuerdo también nos ayuda a no repetir errores del pasado pero muy a pesar nuestro, tenemos la infinita capacidad de desoír a nuestra memoria y cometer una y otra vez los mismos errores sin nunca aprender. Una de las mayores tragedias que puede vivir el ser humano es perder sus recuerdos. Con la vejez puede venir una pérdida de memoria que no es dolorosa porque el individuo ni siquiera se acuerda que se olvida. La verdadera tragedia es cuando agentes externos nos despojan de los recuerdos. Solemos atesorar vivencias en objetos; una piedra recogida en el paseo a la montaña, una fotografía tomada frente a una puesta de sol, una copa sacada furtivamente de un restaurante y por supuesto el lugar donde uno vive en que cada rincón nos puede recordar una situación. Ser despojado de recuerdos es ser despojado de vida. Algunos fenómenos de la naturaleza con su carga destructiva, son capaces de destruir el vínculo material que nos une con el pasado pero la experiencia seguirá latente esperando resurgir por el efecto de alguna emoción. También el hombre en su inmensa insensatez es capaz de quitarle recuerdos a un semejante o provocarle experiencias anímicamente devastadoras. Solo el ser humano es capaz de robar por hacer daño o violar por satisfacer su locura insana. Las artes escénicas en general, tienen un supremo valor incuantificable ya que al apelar a nuestras emociones más profundas, nos permiten conectarnos con esos recuerdos que son la base de nuestro presente y futuro. El arte en general es una poderosa herramienta de vida pues es capaz de hacernos recordar situaciones que parecían olvidadas y por lo tanto extintas. ¿Quién no ha llorado, reído o se ha enojado al ser partícipe de una obra de arte? El arte es vida. Así como se hace difícil pensar en vivir la vida sin recuerdos, vivirla sin arte es imposible.

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