La duda mata

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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"¿Ser o no ser? Ese es el dilema". Si hasta me parece ver a la calavera tanto o más complicada que Hamlet ante tan sustancial pregunta. Aunque no es la pregunta en si misma sobre la existencia del hombre, lo complejo. ¡Es la duda! Porque la duda mata, la duda crea. Por los celos de la duda han existido crímenes pasionales dignos de una antología de la crónica roja. Por la duda de si algo puede ser o no posible, grandes creaciones de las cuales hoy podemos disfrutar, han visto la luz. Muchas de las eternas interrogantes del ser humano han tenido sus respuestas ubicadas en extremos diametralmente opuestos. La ley de los opuestos se encuentra en muchas culturas, creencias y en definitiva, en grupos sociales de la más variada índole. El Yin y el Yang, las antípodas, zenit y nadir, el mosaico blanco y negro de los masones, dios y el demonio de múltiples relogiones, luz y obscuridad. Las explicaciones que diferentes corrientes de fe le dan al equilibrio universal o a la creación misma, responden a la lucha entre dos fuerzas antagonistas. Pero centrándose un poco más en el bien y el mal, en dios y el diablo, ¿Cuál sería la fuerza creadora por excelencia? La respuesta parece obvia, al menos para el mundo judéo cristiano occidental; Dios, pues el diablo solo destruye. Dios es complacencia mientras el diablo es malestar. Una vez erradicada la idea de nuestras mentes de un dios de túnica blanca y un diablo con cachos, imaginemos que solo existiese un dios benefactor. La armonía sería perfecta y todos estaríamos con una sonrisa idiota pegada eternamente en nuestros rostros. Estaríamos tan bien en un paraíso perfecto que no necesitaríamos preocuparnos por nada. Ahora viene lo difícil. ¿En qué momento este dios se nos haría presente? ¿En la época de las cavernas? ¿En el medioevo? ¿Ahora? De seguro a más de alguien no le gustaría comer carne cruda o vestir una pesada armadura o vivir en un ambiente contaminado. Buscaría el fuego, desarrollar vestiduras más eficientes y purificarse. Es la desazón, el malestar, la inconformidad, lo que lleva al hombre a crear y a buscar nuevas alternativas de existencia. Es el demonio que introduce en nuestras mentes un sentimiento negativo de desasosiego el que nos lleva a crear para cambiar de condición. No pretendo formar una secta satánica de adoración al demonio conmigo como su máximo mentor y con ritos de iniciación que impliquen el sacrificio sexual de jóvenes vírgenes en nuestros templos. La idea es tentadora pero no. Pretendo dejar en manifiesto que son los problemas los que generan las soluciones. Ante el más absoluto de los bienestares, el demonio sembrará la duda, la desazón, la voluntad de cambios que puede tener un resultado variable en sus resultados. La deseada inercia del bienestar se vuelve incomoda. Introducimos cambios sin estar seguros a plenitud que las modificaciones al sistema sean positivas. Quizás la metodología humana por excelencia sea la del ensayo y el error. Estamos donde estamos de tanto equivocarnos. Sigamos equivocandonos sin culpa porque solo así, bajo el auspicio de Lucifer y la mirada complaciente de Dios, seguiremos avanzando. La duda mata aunque también es capaz de dar vida a nuevas creaciones.

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