Rodeado

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Quisiera avanzar más rápido para llegar pronto pero estoy completamente inmovilizado en el trafico rodeado por los cuatro flancos de autos histéricos gritando sus bocinazos para empujar a la masa. Todos estresados van tan apurados como yo para ser los primeros en llegar a ningún lugar. El ambiente contaminado es altamente contagioso; quien me antecede se demora más de un milisegundo en avanzar y le disparo a matar palabras de grueso calibre parapetándome tras gestos convulsivos no aptos para menores de edad. Ni siquiera las luces rojas todopoderosas para detener el transito son capaces de propiciar la pausa necesaria. Mi pie derecho híper activo parece independiente de todo razonamiento pues sigue en movimiento picaneando con las espuelas nerviosas a los caballos de fuerza del motor que braman por el tubo de escape para hacerme ganar la carrera que todos corren, la de llegar primero aunque nadie gane nada. Solo importa estar primero. Adelantar a todos y no ser adelantado por nadie. No me puedo dar el lujo de perder tiempo. Nadie está dispuesto a perder su valioso tiempo. Pensar antes de actuar parece ser una utopía de antiguas culturas. Hoy solo está permitido avanzar y mientras más rápido, mejor. De manera acelerada poner un pie delante del otro sin la más mínima desviación posible. Meditar antes de actuar es un pecado capital si con eso retrasamos al rebaño.
¿Qué es crear sino cambiar el curso acostumbrado de las cosas? ¿Sin pausa reflexiva la creación es posible? La creación espontánea producto de la mera casualidad, esa que no se medita y solo surge, ha existido por siempre pero es minoritaria en relación a la que es producto de una larga meditación, el resultado de un arduo trabajo creativo. Incluso en la supuesta espontaneidad ha existido una predisposición del creador, el estar atento a su entorno para aprovechar la oportunidad creativa que este le ofrece. La casualidad existe pero hay que estar en un estado de ánimo especial para sacarle el máximo provecho posible. ¿Qué grado de atención o tiempo de trabajo podríamos tener si el de atrás nos bocinéa para avanzar unos míseros metros? ¿La creación es de ociosos con todo el tiempo a su disposición para perderlo en tonteras como una obra de teatro o una coreografía? La gran masa contagiada de stress suele denostar una labor creativa como si se tratase de ociosos perdiendo el tiempo. Como arquitecto, el peor insulto es cuando un cliente nos pide un "dibujito" para su casa nueva ignorando todo el tiempo invertido antes de llegar a las líneas que definen un proyecto. La calidad del resultado podrá ser discutible pero lo que nunca debería estar en tela de juicio, es el tiempo invertido en todo acto creativo. Investigar, vencer el desafío de la página en blanco, muchos ires y venires, aciertos y errores, desecharlo todo y volver a comenzar. Tiempo. Es mucho el tiempo invertido en cualquier acto creativo, tanto el inmediato en pleno proceso como el acumulado para adquirir la experticia necesaria.
Por eso, la próxima vez que me bocineen para avanzar, voy a cerrar los ojos, respirar hondo, meditarlo por unos segundos y después voy a propinarle el insulto más creativo jamás escuchado al impertinente que pretenda que a mi auto le salgan alas para avanzar.

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