Ismos

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Nunca he comulgado con la multiplicidad de ismos dogmáticos que se nos ofrecen.
Por más ordenanzas, mandamientos y reglas escritas que existan, en todo movimiento social finalmente siempre encontraremos al hombre con la voluntad necesaria como para hacer de un grupo una forma de vida y la debilidad de sucumbir al poder que corrompe, hasta llegar al poder absoluto, ese que corrompe absolutamente.
De manera idealista tendemos a pensar que en tiempos pasados detrás de todo ismo existía una base sólida de pensamiento sociológico, aunque estuviésemos o no de acuerdo.
Fascismo, comunismo, socialismo, judaísmo, budismo, machismo, feminismo,..., en esta lista interminable de ismos, con el trascurso del tiempo todos comparten un comportamiento similar.
Estos grupos se basan en la imagen de una pirámide donde las tan manoseadas bases sustentan a quienes los dirigen. Mientras mayor sea la base, mayor el poder de su dirigencia, mayor la tentación, mayor la posibilidad de desviar el camino hacia el objetivo primigenio.
Hoy por hoy incluso esos ideales iniciales capaces de entusiasmar a las masas para unirse en pos de un ideal común, parecen haberse desvanecido por la fuerza del único ismo imperante; el personalismo.
El hombre en esencia ser social que desde sus inicios comprendió instintivamente la necesidad de agruparse para obtener logros que de manera individual le habrían sido imposibles, hoy sigue agrupado pero solo para satisfacer sus necesidades básicas de sobrevivencia relegando a un segundo plano lo intangible de las necesidades espirituales.
Conocer al otro es la mejor manera de conocerse a sí mismo en sus falencias y fortalezas pero cada uno vive en su pequeña burbuja sin la menor voluntad, o lo que es peor, sin la menor posibilidad de conocer al otro.
Aunque la mona se vista de seda, no cambiará su esencia pero ya que no tenemos el tiempo necesario como para profundizar un conocimiento, nos quedaremos con la imagen del buen vestir perfumado aunque en la solapa tenga una mancha de banana.
Las artes en general y las artes escénicas en particular, son una invitación abierta a viajar por el comportamiento humano que nos define como raza. Es un espejo viviente donde vernos reflejados para comenzar a conoceremos y ya que nunca nos conoceremos a cabalidad, es un viaje permanente.
Lo lamentable es que sea por la razón que sea, muchos ni siquiera tratan de embarcarse en este crucero a bordo de la imaginación capaz de mostrarnos nuestra verdad desnuda exenta de todo disfraz hipócrita.
Se me ocurren nuevos ismos para revertir el creciente personalismo; un cirquismo donde un trapecista necesita del otro para no caer, un teatrismo donde el actor necesita del publico así como el público necesita del actor, un grafitismo donde las manchas de color son gritos destemplados tratando de hacernos ver las verdades detrás de cada forma y color, un cuentismo donde la tradición oral nos recuerde la labor de nuestros antepasados para que nosotros podamos ser quienes somos y la responsabilidad que nos cabe para dejar una buena herencia de vida a nuestros sucesores, un idealismo basado en las artes.
Aunque la mona siga vistiéndose de seda tratando de incorporarnos a la base de su pirámide del nuevo ismo, apoyados en las artes desarrollemos la visión capaz de discriminar para encontrar nuestro propio camino conociendo al otro y gracias a eso, a uno mismo.

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