Agresión

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Acabo de recibir un empujón de esos de antología. No me refiero a una de esas incontables agresiones que uno sufre a diario en el sistema de transporte público de una ciudad contemporánea altamente congestionada como la mía, sino a uno de esos actos que de vez en cuando uno mismo realiza escudado tras el anonimato urbano para descomprimir la negatividad que día a día vamos acumulando por el hacinamiento al que nos obliga el convivir con millones tan agresivos como el peor de los individuos que alimentan a diario las noticias amarillistas constantemente difundidas por la televisión.
Reflexionando un poco quizás sea mejor soportar estas mini agresiones diarias a tener que parapetarse detrás de una mesa de colegio porque un alumno no fue capaz de soportar la presión y la quiso descargar disparándole a cuanto ser humano se moviera.
Si, un empujón es mejor que esquivar las flechas de un adolescente armado con una ballesta creyéndose Robín Hood y disparándole a las incipientes manzanas de Adán de sus estupefactos compañeros.
De los asesinos en serie es mejor ni hablar porque ya tendrán sus propias series de televisión o desde la prisión escribirán un libro que sin duda llegará a ser todo un best seller, transformándolos en iconos de la sociedad contemporánea y quizás en modelo a seguir por algunos deseosos de sus quince minutos de fama.
Incluso la tierra, nuestra madre tierra, libera de tanto en tanto su tremenda energía interna vía terremotos o erupciones para no llegar a cataclismos devastadores.
Benditos sean estos escritos que me permiten el desahogo aunque los lea solo yo.
Mi primera reacción, por supuesto, fue la de contra agredir con un buen codazo en sus costillas, disimulado pero efectivo para después decir en voz alta, "¡Por favor no empujen!". Mal que mal la mejor defensa es un buen ataque y la mejor trinchera la hipocresía del anonimato. Obviamente más allá de un breve intercambio de palabras no muy gentiles, el altercado no pasó a mayores. No tenía ni pistola ni ballesta a mano.
Lo que más me irritó fue su reacción cuando previniendo un nuevo empujón le señalé que si se corría levemente, alguno más de los desesperados en el andén podía entrar al vagón. Su respuesta fue precisa: "ese no es problema mío".
Hemos llegado a un grado de abulia egoísta en cuanto a las relaciones ínter personales en que ya solo me importan mis pocos centímetros cuadrados de individualidad sin que para hacer más fácil la convivencia apenas tenga que ceder un milímetro o gastar menos de 5 calorías en moverme.
El que todo tiempo pasado fue mejor es el argumento más socorrido cuando los años cumplidos comienzan a pesar en aspectos tales como la dieta diaria. El pasado no fue mejor, solo diferente. En lo que sí creo es en que solo se cosecha lo que se ha sembrado y en que la recolección de los frutos no se hace de inmediato.
Aunque nos cueste, solo sembrando todos los días, en el futuro podremos obtener lo que ansiamos. Por eso, la próxima vez que alguien me empuje justificando su agresión en los tiempos que corren, trataré de protegerme con una sonrisa aunque mi deseo interno sea el de tener una pistola o una ballesta.

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