Indiferencia demoledora

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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La primera vez que nos tocó ir a contar historias a un colegio con niños en riesgo social, fue una experiencia aleccionadora más que para ellos, para nosotros.
Sabíamos lo difícil de llamar la atención cuando los problemas reales superan toda ficción. Familias disfuncionales de escasos recursos no solo económicos, padres ladrones profesionales o drogadictos, madres golpeadas o prostitutas, un panorama desolador para una infancia que necesita ilusión.
Corta entrevista previa con el director quien nos resumió el perfil de sus alumnos y describió un panorama demoledor; "prepárense para una indiferencia total".
Al cruzar el patio para ir al improvisado salón donde esperábamos deslumbrarlos con nuestro arte, en el muro que oficiaba de " cuelga trabajos destacados" había la última idea delos profesores. Unos afiches donde se podían leer los 10 mandamientos que los diferentes grupos de alumnos autores de los trabajos, consideraban como los más importantes para tener una buena convivencia escolar.
Me llamaron la atención frases que se repetían tales como; antes de pelear es mejor conversar, no decir malas palabras en los recreos y la que más me sorprendió, no insultar al profesor.
En algunos casos casi la mitad de los mandamientos tenían relación con el lenguaje y sin excepción alguna, en todos los trabajos al menos uno de los mandamientos se refería al lenguaje.
A pesar de la advertencia del señor director, aunque la audiencia no era enorme, entusiasmados echamos mano a nuestras mejores historias y a un histrionismo nunca antes visto.
¿Resultado obtenido ¡Ninguno!
Tal y como lo había predicho el director, la indiferencia fue la única respuesta al esfuerzo realizado en preparar un espectáculo, llegar a ese lugar distante de la periferia y relatar con el alma historias que pensábamos positivas para ellos.
Al terminar la actividad, totalmente desmoralizados, nuestro deseo era el de no ir nunca más a ese colegio y ojala olvidar rápidamente el trago amargo, pero estábamos obligados a volver un mes más tarde pues participábamos de una iniciativa de fomento a la lectura que así lo requería.
El mes pasó demasiado rápido, estábamos tensos por repetir el desagrado y no preparamos el espectáculo con tanta prolijidad como la primera vez.
Al entrar unos paneles con dibujos multicolores hacían las veces de pasillo. Los más pequeños habían dibujado los personajes de los relatos, según nosotros, no escuchados.
Al entrar a la sala de clases donde contaríamos las historias, varios alumnos nos saludaron amigablemente, incluso recordando nuestros nombres.
Nuevamente fuimos sorprendidos pero no por un ambiente de indiferencia sino por la cantidad de detalles que de tanto en tanto nuestros oyentes nos recordaban sobre lo que habíamos contado hacía ya un mes.
La sesión se extendió más allá del tiempo previamente estipulado y ni siquiera la campana anunciando el término de la hora docente fue capaz de sacarlos de la magia que la palabra había logrado. Fue tanto el entusiasmo y el círculo virtuoso que se formó al alero de la imaginación, que incluso tuvimos que repetir algunas historias de la primera sesión.
Como solemos hacerlo, después de pasado tan grato momento, con el grupo al cual pertenezco reflexionamos sobre lo acontecido.
Las conclusiones fueron claras y contundentes:
1.- Los prejuicios son una carga negativa. Aunque siempre se deban evaluar previamente las variables, nunca deben coartar nuestra entrega, sino potenciarla. En la primera sesión al tener el prejuicio de que nuestro arte los iba a cautivar, debido al aparente fracaso terminamos completamente desmoralizados. En la segunda sesión por el prejuicio de enfrentarnos de nuevo al supuesto fracaso, no nos preparamos todo lo bien que siempre merece él publicó.
2.- El público está constantemente evaluando a quien le entrega su arte. Esos niños provenientes de un medio que les quita todo sin entregarles nada, en la primera sesión nos estaban evaluando desde su posición segura de aparente indiferencia y en la segunda sesión nos retribuyeron la entrega con mucho más de lo que nos esperábamos.
3.- Aunque en apariencia no sea así, las palabras siempre tendrán un efecto y si estas se entregan desde el sincero amor carente de egos capaces de cegar y libre de prejuicios o expectativas, su efecto será sanador del espíritu.

 

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