Migración mental

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Las guerras son un tema recurrente en el devenir del ser humano y como consecuencia de ellas existen las barbaries, los genocidios y las persecuciones, lo que obligatoriamente lleva a las naturales migraciones para huir de la inhumana humanidad.
Orgullosos nos pavoneamos haciendo alarde de nuestros avances; de como la tecnología ha llegado al alcance de nuestros dedos, de cómo se han logrado controlar enfermedades antes a niveles de pandemia, de cómo hemos sobrepasado una y otra vez nuestras fronteras naturales hasta pasear nuestro ego incluso en el espacio. Como contra parte de tanto en tanto la naturaleza nos recuerda nuestra insignificante pequeñez con su voz de inundaciones, sequias, erupciones, huracanes, terremotos y demases difíciles de enumerar.
Pero nosotros no queremos quedarnos atrás e inventamos conflictos internacionales donde probar efectivas armas de destrucción masiva, virus mutantes resistentes a su cura capaces de enriquecer aún más la ambición de laboratorios farmacéuticos, complejas estructuras de destrucción.
¿Por qué no usar esa misma capacidad destructora en mecanismos de creación positiva?
Las migraciones son más bien micro migraciones puesto que el territorio está acotado a fronteras políticas restrictivas de la libertad de desplazamiento. Aun así, auspiciados por organismos internacionales de supuesta bondad humanitaria, estas migraciones se producen por las buenas o por las malas. Incluso estados se han formado bajo este mecanismo aunque los habitantes originarios nunca hayan estado de acuerdo.
¿Migrar es huir?
Si, con la salvedad que también es un factor de cambio.
Para esta huida no necesariamente se necesita ser amenazado por una pistola en el pecho, a veces solo basta con la voluntad de cambio para pasar de una realidad a otra. Voluntad multifactorial que implica sin duda un abandono de lo que conocemos como raíces para tratar de trasplantarse a otro territorio no solo físico sino que social también.
Difícil me parece que un migrante no sea víctima de rechazo, segregación, discriminación y tener que apretar los dientes confiando en un futuro mejor, no solo para el, sino que para la mochila familiar de responsabilidades que de seguro carga en su espalda.
Acompañada de la migración física, está la migración mental obligada por adaptarse al nuevo espacio social. Muchos lo logran, llegando incluso a ser una pieza fundamental de aquel territorio humano que nunca los acogió de la mejor manera.
Toda sociedad mal llamada desarrollada necesita de esta mano de obra barata no solo en lo mecánico sino que en lo social también para desarrollar los trabajos sucios, esos que los individuos autodenominados "desarrollados" ya no quieren o no pueden hacer, por lo que de manera solapada son aceptados a regañadientes sin hacer demasiados esfuerzos por expulsarlos ya que el costo de cualquier trabajo estigmatizado como de bajo nivel, subiría su costo hasta lo inalcanzable.
La basura hay que recogerla y para eso están los inmigrantes ilegales aunque siempre se pueda esconder la basura bajo la alfombra de las apariencias.
La mayoría de los fenómenos sociales tiene 2 caras que dependiendo de la óptica con la que se mire, podría ser considerada negativa o positiva.
Ha llegado el momento irrenunciable de que la sociedad migre psicológicamente hacia un ideal de creatividad de los nuevos espacios de encuentro entre los seres humanos. Que nuestra ruta de cambio sea guiada por el poder de las artes y su lenguaje global debe dejar de ser una utopía.

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