Discusión

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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¿Podrá existir algo más aplastante, aburrido, desmotivador e insulso que el estar completamente de acuerdo con otra persona en el tema que sea? De partida es una malísima utopía ya que nunca se podrá estar en completo acuerdo cuando se trata de ideas personales y no copiadas. Ya sea en el fondo, en la forma o en algún pequeño detalle aparentemente insignificante que puede llegar a serlo todo, siempre existirán diferencias entre los seres humanos. Es bien sabido que por lo general donde hay dos personas suelen haber tres o más opiniones. Ya que el acuerdo total parece no ser posible, disentir para discutir es la única forma honesta de convivencia. Y cuando digo discutir no me refiero a pelear hasta llegar a un enfermizo intercambio de insultos y puñetazos sino a un sano intercambio de ideas entre individuos que tratan de convencer con argumentos coherentes y no de vencer por la fuerza. Persuadir y no disuadir. Explicarle a un niño que debe comerse todo para crecer fuerte y sano es mejor que amenazarlo con una cachetada si no termina todo el plato. Si el argumento es la fuerza, bastará con una distracción del más fuerte para que el débil se empodere de la situación, sin que necesariamente tenga la razón. Discutir pausadamente para llegar a consensos negociados y no hacer pomposos desfiles de fuerzas armadas para mostrarle al supuesto enemigo, el poderío militar al cual podría verse enfrentado si llegase a estar en desacuerdo. Existen dos formas de arruinar una buena discusión o hacer muy corta una velada potencialmente enriquecedora. La primera es que por evitar el conflicto, se renuncia a los propios ideales y se acepta la postura del otro aunque se esté en completo desacuerdo con él. La segunda es cerrarse a los argumentos del otro y tratar de imponer de manera tozuda un punto de vista. Cualquiera de las dos posturas augura un final desilusionante sin ningún resultado positivo ya que es bien sabido que la verdad absoluta no existe sino que es una construcción colectiva en que todos tenemos algo que aportar y mucho más que aprender. Por los medios de difusión masivos, con la idea de vender a toda costa, se explota el extremo cansancio de la sociedad en que después de una agotadora jornada de trabajo, se les vende distracción sin pensar. Apelando a lo más básico del actuar humano, se les entregan guiños a lo sexual, conflictos humanos intrascendentes inventados a partir de las simpatías o animadversiones que personajes supuestamente reales van provocando en el espectador, problemas del otro lado del mundo se muestran de una relevancia única para el devenir del pobre espectador que se horroriza por terremotos devastadores a miles de kilómetros de distancia o lluvias en el hemisferio opuesto. Sin información no hay discusión fundamentada posible. ¿Qué clase de discusión se podría generar a partir de la pobrísima información que nos entregan los medios? ¿Que si el color del vestido de la fémina de turno hace juego con sus ojos que cambian de color en función de los lentes que ocupe o si el romance entre tal y cual tiene algún futuro o si la heroína de la teleserie morirá antes del último capítulo? La información que entregan las artes están más ligadas al sentimiento puro que a la contingencia sin importancia fomentada por los medios. El arte es nuestro mejor apoyo para tener discusiones honestas desde la verdad que nos vayamos construyendo gracias a vivencias honestas. El arte aun no es completamente manejado por grupos de interés y tiene mucho para entregarnos. Además, si alguien no está de acuerdo con lo planteado por mí, lo invito a que lo discutamos dispuestos a escuchar y ser escuchados por la magia de la palabra.

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