El público perfecto

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Todo cuento, en su condición de mensaje, requiere de la atención activa de un receptor o destinatario.
Tengo casi la seguridad de que el plantearle tal aforismo a cualquier narrador, por lego que sea, será recibida como una frase de total perogrullo. No obstante, requiere de un análisis más profundo para ser entendida a cabalidad.
En más de alguna ocasión he escuchado el comentario: “El público no acompañó” o algún sucedáneo orientado a explicar que la función no tuvo frutos a causa de alguna característica desfavorable en el espectador, en el destinatario.
La más básica de las excusas para poner afuera el locus de control y mantener al yo a salvo de la auto-crítica.
Si se toma esta vía el crecimiento como narrador será casi nulo.
Contando y contando, como también viendo a otros y viéndose contar a sí mismo (nada mejor que grabarse), es que uno va resolviendo ciertas vicisitudes que en sus primeros escarceos escénicos pasa por alto.
¿Hubo una presentación del narrador?, ¿Saludó a su público?, ¿Le preguntó cómo estaba?, ¿Miraba a los ojos a sus espectadores?, ¿Adoptó un tono de voz adecuado?, ¿Permitió la participación de quienes le oían?, ¿Le oían con atención?, ¿Si, no?, ¿Por qué?
Y así, haga todas las preguntas que se le pasen por la cabeza.
Vale la pena tomar un papel y anotar lo que nos gusta de un narrador de vasta experiencia ¿Por qué se nos hace natural oírlo? Las ideas pueden y serán muchas, cada quien rescatará aquello a lo que atribuya un significado especial y elegirá según su estilo.
Estilo definido también desde preguntas más básicas y personales aún: ¿Por qué quiero contar?, ¿A quién quiero contar?, ¿Qué me produce el contar?, ¿Por qué? y un largo etcétera.
¿No se ha preguntado estos puntos? Tome un papel y un lápiz ahora mismo, nunca es tarde.
Cuando estas y otras muchas interrogantes vayan surgiendo darán lugar a la conjetura y ella al auto-conocimiento. Conocerse como narrador, desde la sinceridad y la aceptación de virtudes y defectos, nos pondrá en una posición mucho más cómoda a la hora de abordar a nuestro público y saber hasta donde podemos llegar.
Todo público es, sin duda, impredecible; por ello es que hay que tratar de saber que cosas nos hacen sentir a gusto en el escenario y cuales no.
Aún así, podemos indagar en nuestros auditores con preguntas muy simples, tarea que se hace menos árida frente a un público infantil ávido de ser escuchado.
A través del diálogo fluido e improvisado podemos recabar mucha información sobre nuestros interlocutores.
También es válido leer en su lenguaje corporal, en cuanta atención nos prestan, en sus rostros, en sus intempestivas participaciones voluntarias e involuntarias.
Así como construimos nuestros cuentos y narraciones, debemos de-construir al público y ser abiertos y flexibles a la adaptación de último momento.
Nada más hermoso que un cuento contado con pasión a un público conectado, conexión de la que somos protagonistas. Cuando preparamos un cuento a quien primero lo contamos es a nosotros mismos, ¿O no? Si contamos bien, el público siempre acompaña.

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