Desfase

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Por lo general uno comprende o al menos cree comprender las leyes de convivencia o de relación con las que interactuamos a lo largo de nuestras vidas con mucho desfase entre el acontecimiento y las condiciones que lo provocaron.
Sean los seres queridos o un extraño, predecir con certeza las reacciones a un actuar en particular se vuelve una tarea imposible.
Incluso en las ciencias regidas por el sacrosanto método científico en que las predicciones vía formulas avaladas por las miles de horas hombres estudiando los fenómenos a predecir deberían suponerse infalibles, existe el error, la mutación, la casualidad, haciendo que estas predicciones no sean certeras en el 100% que se espera de ellas.
Si en las ciencias ya es complicado, este factor de desfase se extrema en lo que al comportamiento del ser humano se refiere.
¿Cuantas veces no hemos planificado nuestro actuar orientados en obtener tal o cual resultado y la reacción obtenida ha sido diametralmente opuesta a la esperada?
Por mucho que lo estudiemos incluso llegando a disectarlo en sus partes más pequeñas y planteemos teorías, nunca llegaremos a entender a cabalidad el comportamiento de este animal egocéntrico auto denominado superior.
El libre albedrío siempre estará ahí dispuesto a echar por tierra cualquier teoría.
Por supuesto las generalidades pueden funcionar pero nadie estará jamás completamente encasillado en un modelo dado. Si bien es cierto los estereotipos nos facilitan la vida, a la vez nos limitan en el conocimiento profundo del otro.
Además el hombre es el único ser viviente capaz de actuar de manera consciente en contra de sí mismo, y si es en grupo, aún peor.
No me refiero necesariamente al suicidio sino a ese cumulo de acciones irracionales movidas por el egoísmo de unos pocos que nos han llevado gradualmente a destruir nuestro hábitat no solo físico sino que social también.
Desde esos pequeños actos individuales de comerse un yogurt en el supermercado hasta las políticas de producción de grandes empresas multi nacionales capaces de poner más azúcar en los cereales para engatusar el gusto de los niños o agregar más sal de la necesaria en muchos alimentos, la irracionalidad monetaria parece ser el único norte seguido por muchos.
Incluso me enteré que al pollo le inyectan sabor a pollo en una solución de agua que puede llegar a representar el 15% del peso. Nos venden agua a precio de pollo. Nos venden bienestar maquillado de falsa sonrisa.
¿De qué manera podemos actuar para influir en el comportamiento de otros?
Por más esfuerzo que hagamos, nadie nos puede realmente asegurar que seamos capaces de lograr los resultados de comportamiento esperado.
Los estudios existen y su uso ha sido puesto en práctica por disciplinas tan disimiles como la política, la publicidad, la tortura, la estafa,...
La problemática es evidente así como la solución también.
Al que no le guste, que se cambie de realidad. El comediante Groucho Marx dijo “¡Paren el mundo que aquí me bajo!” pero bajarse de la sartén para caer al fuego no parece una alternativa razonable.
Así como vamos, quizás la tierra decida sacudirse de nosotros antes de que nosotros podamos habitar otros mundos.

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