Bodega

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Cuando vivíamos en departamento teníamos una bodega de 3 metros cuadrados repleta de cosas. Luego nos cambiamos a una casa con bodega de 15 metros cuadrados que llenamos rápidamente y que incluso tuvimos que ampliar para almacenar tanta cosa inútil.
Hoy nos falta espacio para guardar todas esas cosas materiales que hemos ido adquiriendo con mucho esfuerzo pero siento que en lo personal, me sobra demasiado espacio para guardar esas experiencias vitales por las cuales no me he esforzado en tener.
Como! Esclavos del medio, nos afanamos en tener cosas materiales por el sólo hecho de tener más que los otros, para lo cual debemos desvivirnos tratando de vivir en función de nuestros bienes materiales. Por lo mismo, descuidamos la única pertenencia que nadie nos podrá quitar jamás como es nuestra propia experiencia de vida.
Para vivir y no solo sobrevivir, se deben propiciar experiencias de toda índole, y si esa experiencia logra llegar a nuestro fuero interno gracias a nuestros sentidos, aún mejor.
Trabajar como un animal, sin por ello desmerecer a los animales quienes en algunos aspectos demuestran ampliamente ser más inteligentes que la raza humana, teniendo apenas el tiempo de dormir, ni siquiera de descansar y alimentarnos con comida rápida que no nos quite tiempo productivo, siempre para otros, rara vez para nosotros mismos, es la fórmula segura capaz de llevarnos a una sobre vivencia precaria.
Trabajar es indispensable para sobrevivir y el ocio tan vilipendiado, para vivir.
Con ocio no me refiero a estar tendido barriga al sol en una playa tropical y bebiendo alguna pócima espirituosa para fugarnos de nuestra rutina diaria, sino a ese ocio productivo para nuestra alma; asistir a una muestra artística, escuchar buena música, pasear por el campo, subir un cerro buscando la mejor vista, vagar por la ciudad admirando su arquitectura, buscar experiencias nuevas que de alguna manera modifiquen nuestro punto de vista en relación a la realidad. No hablo de distorsionar la realidad al punto de rechazarla de manera anárquica sino de ser capaces de analizarla desde diferentes puntos de vista que nos permitan aceptarla, modificarla, valorarla, o adoptar la actitud necesaria para potenciar nuestra propia vida.
Lo material almacenado en esa gran bodega del olvido puede pasar de moda hasta transformarse en basura sin jamás convertirse en una antigüedad valorada pero las vivencias son capaces de acompañarnos por siempre.
Nuestro deber irrenunciable es el de generarnos vida y no sólo vivir las vidas ajenas.
Las mal llamadas revistas del corazón son exitosas comercialmente porque nos venden la ilusión de vivir vidas ajenas llenas de glamour, lujos, excesos, una supuesta vida plena. Quizás si nos mostrarán el otro lado de la moneda no venderían tanto.
¿No será mejor vivir nuestra propia vida, nuestras propias experiencias?
Salgamos al mundo a generar las condiciones que nos muestren alternativas.
Si no tenemos tiempo, porque hoy en día nadie lo tiene, al menos tratemos de vivir arte para que gracias a este, nuestros sentidos estén alerta ante las infinitas posibilidades de perspectiva que nos entrega.

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