El capitán Araya

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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"El capitán Araya los embarca a todos y se queda en la playa".
Sin duda, a pesar de que el término aún no existía cuando seguramente nació este refrán, el capitán Araya era definitivamente pro activo.
Se encargaba sin dificultad de entusiasmar a sus marineros indecisos para embarcarse sin tener demasiado claro cuales podían ser las aventuras que les depararía el viaje, claro que el permanecería sobre seguro, con los pies en la tierra aguardando el regreso de los arriesgados aventureros.
El capitán de marinero no tenía mucho pero era un estratega de la palabra, un malabarista verbal, un dominador de la elocuencia, para muchos un charlatán, para otros un motivador profesional, un conocedor innato del gran poder de la retórica, un verdadero cuentacuentos.
Incapaz siquiera de tomar el timón, guiarse por las estrellas o izar una vela, lograba que su embarcación surcara los siete mares pero sin el a bordo mientras se quedaba melancólico en el muelle esperando el regreso de sus marinos.
¿Prescindible o Indispensable?
Sin duda indispensable pues sin él, quizás los marineros nunca se hubiesen hecho a la mar para dedicarse en cambio, a la agricultura o la crianza de animales sin jamás dejarse llevar por el canto de sirenas, conocer otros continentes ni constatado que la tierra no era plana ni soportada por tortugas.
Además, quien podría haber soltado las amarras de la embarcación en el inicio del viaje si el capitán Araya no se hubiese quedado en el muelle.
Claro que el capitán se aburrió de sólo escuchar los relatos fantásticos de viajes llenos de aventuras y desventuras. Un día, después de la charla motivacional correspondiente, se armó de valor y simplemente se embarcó con sus hombres. Desde entonces nunca más se quedó en el muelle ni volvió a la playa, al menos no a la misma playa.
Para todo aquel que organiza o promueve actividades, es indispensable que al menos una vez en su vida haya participado activamente de aquello que organiza.
Así como un buen jefe soló debería ordenar lo que el mismo hizo alguna vez, por lo que sabe perfectamente que pedir y en qué plazos hacerlo, al pedir que los demás hagan algo, se debe haber vivido en carne propia la experiencia de hacerlo.
En pedir no hay engaño pero podría existir un abuso si no se sabe el esfuerzo que significa realizar lo que se está pidiendo.
Organizar no sólo debería ser motivar y planificar los acontecimientos previos a una acción, sino tener la capacidad de entrar y salir de ella mientras esta se esté ejecutando, es decir, tener la capacidad de vivir la acción desde dentro para experimentarla, tanto como de salirse de ella para, desde un punto de vista global y no comprometido, tomar las medidas necesarias para optimizar los logros.
El titiritero no sólo debería ser quien maneja los hilos de sus personajes sino transformarse de vez en cuando en uno de sus personajes.
Aclarando a priori que bien podría estar equivocado, en mi opinión ser pro activo queda incompleto si después no se es activo en la acción que se está propiciando, aunque solo sea por breves lapsos en un ir y venir entre hacer y juzgar para un mejor hacer.

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