Hiperconectados

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Hoy por hoy nos parece prácticamente imposible no estar conectados con el mundo global. Más que conectados, estamos en línea, vivimos hiperconectados con la red mundial de información. Teléfonos móviles, computadores, tablets, tenemos cada vez de manera más sencilla la tecnología al alcance de nuestros dedos y sobre todo de nuestros pulgares. Pero no nos engañemos, la tecnología que irrumpió en nuestras vidas con su falsa promesa de regalarle más tiempo al hombre liberándolo de muchas actividades físicas que harían las maquinas, muy por el contrario, nos tiene completamente esclavizados.
¿Quién no se ha devuelto más de alguna vez a buscar el teléfono móvil olvidado en casa, ya sea porque lo considera indispensable o porque dejó el facebook abierto?
¿Quién puede decir que al abrir los ojos por la mañana, no ha actuado de manera refleja y ha encendido el televisor, ese placebo universal?
¿Quién no añora el día en que pueda cambiar el viejo computador que no tiene ni siquiera un año, por uno con los últimos avances, aunque sólo lo utilice para jugar a nada?
¿Quien, sin mentirse a sí mismo puede asegurar que la tecnología le es indiferente?
El que esté libre de pecado que lance el primer mail.
Pocos lo harían por voluntad propia pero estar obligatoriamente desconectado, sin señal ni electricidad, es muy parecido a visitar el paraíso.
Nadie puede llamar para ofrecernos artículos inútiles ni para informarnos con bombos y platillos que hemos sido seleccionados por nuestro banco amigo para otorgarnos un crédito. Tampoco hay mails de cobranzas ni cadenas estúpidas que nos amenazan con las siete plagas si osamos interrumpir la cadena. Ningún candidato a nada nos puede hacer promesas vacías envueltas en una palabrería refinada a cambio de nuestro voto ni estaremos obligados a comunicarnos con nadie simplemente porque tendremos la excusa perfecta; "No tenía señal".
Tampoco se trata de vivir completamente desconectados como un ermitaño que ha decidido apartarse de la sociedad junto a sus perros, ni vivir una vida monástica acompañados sólo de cripticas lecturas bíblicas buscando la iluminación espiritual. Todo extremo es en esencia nefasto pero desconectarse de vez en cuando no sólo es una opción que para muchos podría parecer hasta negligente, es una vital necesidad.
El desafío consiste entonces en ser capaces de liberarnos del yugo de los bits y las cadenas de los megas para ser nosotros quienes dominemos a la tecnología y no viceversa. Usar la tecnología sin ser usados por ella.
Sin duda es difícil resistir el embrujo de los fuegos artificiales multimedia pero con voluntad y no poco esfuerzo, un mejor mundo es posible.
Durante la historia del hombre han sido muchos los acontecimientos revolucionarios que nos han obligado a dar giros radicales en nuestro comportamiento y en el presente estamos viviendo uno de ellos; la revolución de la información digital.
Nuestra raza en esencia es de sobrevivientes y no sólo seremos capaces de sobreponernos a la invasión tecnológica de la cual estamos siendo víctimas, sabremos sacarle el provecho para seguir adelante como siempre lo hemos hecho.
La híper conexión puede ser provechosa, sobre todo si logramos conectarnos de manera eficiente con los sentimientos del otro, y para eso no necesitamos de la tecnología, sólo de la voluntad y una buena conversación donde la palabra sea el nexo supremo.

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