Pasión desenfrenada

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Aunque para muchos la palabra pasión los ponga nerviosos al transportarlos imaginariamente a un taconeo esquizofrénico sobre un tablao Andaluz entre gritos de un doloroso placer acompañados de palmoteos orgullosos o a la posibilidad de revolcarse desnudos sobre las blancas arenas de una isla tropical refrescados por el sonido de las olas y el viento colándose entre las palmeras, la pasión no es solo andar saltando como cabra montesa o colgarse de las lámparas. Pasión es logro.
La verdadera pasión solo existe en función del logro de los objetivos que la motivan.
No me refiero sólo a ser el primer hombre en pisar la luna o haber cruzado el cabo de hornos a vela. La pasión puede ser tan simple e individual como el lograr una vida feliz que por lo demás es de las cosas más complicadas que pueden existir si no se hace con pasión.
Muchas doctrinas sociales de corte moral así como la mayoría de las religiones cuentan entre sus postulados con la premisa absoluta de controlar las pasiones e incluso, más que controlarlas, anularlas.
Anular ese impulso en esencia creador, es matar el espíritu humano, es transformarlo en ganado rumiante que sólo vive para estar.
Con pasión se pueden lograr cosas impensadas soportando los dolores que de seguro existen durante el proceso. Decenas y quizás cientos de fracasos pueden ocurrir antes de lograr un objetivo.
No sólo deberemos sobreponernos a las exigencias demuestra empresa sino a la crítica no siempre bien intencionada de quienes, por incapacidad de realizar, encuentran regocijo en el fracaso ajeno llegando a considerarlo casi como un éxito personal.
Las críticas, sean estas bien o mal intencionadas, justas o injustas, en el momento exacto o fuera de contexto, sea cual sea la crítica, debemos no sólo escucharla sino que interiorizarla, analizarla y sacar nuestras propias conclusiones que no pueden más que potenciar nuestra pasión.
Quien se desmoraliza durante un proceso creativo por la crítica ajena, no tiene la pasión suficiente para materializar sus ideas.
Pero cuidado, la lisonja gratuita puede ser tan dañina como la crítica destructiva. De manera excesivamente fácil, nos podríamos convencer de que nuestro actuar es el adecuado pero siempre, siempre, cualquier conducta humana y sobre todo cualquier acto creativo es perfectible. Incluso con la obra terminada, un creador de tomo y lomo, que por lo demás lo somos todos incluso sin tener conciencia de ello, encontrará esos aspectos perfectibles que serán los desafíos a superar en su siguiente creación. El motor creativo es la desazón y el combustible la pasión.
Toda pasión es buena, incluso las más obscuras, siempre y cuando no afecten negativamente y de manera alguna ni a otras personas ni al ser pasional que puede enceguecer su actuar.
La vida humana está repleta de imposibles superados.
Locuras condenables antes, realidades en el presente.
Frenar una pasión desenfrenada es frenar al hombre en el transitar por esta vida llena de obstáculos, muchos de ellos impuestos por una razón física tan alejada de la pasión hormonal.

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