Elecciones libres, ahora

Escrito por Maristela Papa el . Publicado en Columnas
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En esta básica exigencia tantas veces gritada, sobre todo por jóvenes soñadores buscando cambios sociales al alero de lo que podrían ser políticas centradas en el hombre, se encuentran 3 conceptos poderosos que van más allá de una contingencia política alejada las más de las veces del bienestar popular; elección, libertad y tiempo.

El tiempo, el maldito bendito tiempo que hasta donde sabemos es finito e irreversible nos limita cualquier permanencia en cualquier estado por lo que esperar no es una alternativa posible y aunque es de toda obviedad, no siempre seguimos la sencilla receta de hacer lo que debemos hacer cuando lo debemos hacer, sin engañosas postergaciones capaces de diluir nuestro actuar, incluso hasta anularlo. La voluntad se desvanece bajo el bombardeo del que dirán, del que se hace, del cómo se hace, del cuando se hace.
El tiempo es nuestra mayor limitante, la cual al acompañarnos desde y hasta siempre, de cierta manera pierde su valor. Nadie valora tanto lo que tiene como cuando lo pierde, y en este caso ya sería demasiado tarde. Con la acostumbrada soberbia humana lo consideramos nuestro a pesar de ser nosotros, sin lugar a dudas, su esclavo más sumiso.
Como ya dije, lo que más se aprecia es aquello que se ha tenido y se ha perdido, por lo cual al llegar a la vejez, previniendo lo que hasta ahora conocemos como nuestro fin, al menos en el plano físico, muchos buscan en las promesas dogmáticas de religiones, prolongar el tiempo en franca extinción.

La utópica libertad es el ideal inalcanzable en el que todos quisiéramos vivir. Ese paraíso prometido por las religiones transformadas en el mayor de los yugos. Desde el día en que adquirimos consciencia de ella, la hemos perdido pues nos damos cuenta de las múltiples ataduras, algunas voluntarias y las más impuestas, que nos obligan al actuar de tal o cual manera a pesar de nosotros mismos.
El placebo de creernos libres por cumplir con nuestras obligaciones no es más que eso; un placebo engañoso.
Sin embargo, estando conscientes que jamás podremos tener una libertad plena, mientras menores sean nuestras aspiraciones materiales, más libres nos sentiremos.
Cuánta razón tienen algunas corrientes de pensamiento oriental que postulan sin equivocarse que las posesiones sólo nos atan privándonos de libertad.

El privilegio de elegir, obtenido según algunos como don divino y según otros como simple condición, es un arma de doble filo, si al actuar, no se sopesan las consecuencias de nuestros actos, tanto para otros como para con nosotros mismos. La facultad de elegir, no significa que nuestra opción sea la correcta o la más adecuada.
Por otro lado, sólo se puede elegir de manera adecuada si se conocen a cabalidad las opciones existentes y sus posibles consecuencias.
¿Cuantas opciones no se nos ofrecen día a día por los medios manipuladores de la conciencia social, disfrazadas de falso bienestar para transformarnos en un peón más del ajedrez jugado solo por unos pocos reyes?
La vida es más que un grito no escuchado, es obrar a conciencia siendo consecuente con esos valores universales que todos veneramos pero pocos respetan.
Nuestra principal elección libre y ahora, debe ser la de vivir impulsados por el deseo de bienestar, tanto personal como el de otros.

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