Miente, miente, que algo queda

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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"Miente, miente, que algo queda". Esta frase atribuida a Joseph Goebbels, ministro de Adolf Hitler para la Ilustración Pública y Propaganda, se complementa perfectamente con; "Mientras más grande e inverosímil sea la mentira, más gente la creerá".
Este personaje físicamente tan alejado de los cánones de supuesta perfección aria cuya supremacía pretendía imponer el régimen nazi, supo moverse en las tormentosas aguas de su época para llegar a niveles de influencia inusitados, pudiendo así incluso cambiar el orden mundial por la fuerza de sus postulados.
En su cargo ligado con la propaganda, al convencer a millones de alemanes de lo que hoy nos parece aberrante, pudo comprobar a través de la practica una serie de postulados que supo utilizar para lograr la correcta eficacia convenciendo a muchos de que el nazismo era la única y verdadera ideología a seguir.
Vivimos en un mundo donde la mentira llegó para instalarse como la fe incuestionable de quien sepa manejar la argumentación en su favor.
Mentiras blancas, mentiras piadosas, mentiras descaradas, incluso la omisión podría ser considerada como una mentira.
En más de alguna ocasión entramos en el juego y nos dejamos engañar por lo que sabemos no es real. A veces por alimentar una ilusión imposible, a veces por simple comodidad mal entendida. Diferente es cuando nos engañan y nos tragamos el cuento como si de un dogma se tratase. Sin cuestionamiento posible.
Todo lo que no es real de cierta manera es una mentira pero basta con que tengamos la voluntad de creer para que esa mentira deje de serlo, al menos para nosotros.
La mentira en sí misma es inofensiva, los motivos que existen en su génesis y los objetivos que se pretenden al utilizarla como argumento son los aspectos sobre los cuales se debe prestar atención.
Papá Noel, el ratón de los dientes, el conejo de pascua, los cuentos infantiles, grandes novelas de fricción, películas, canciones, gran parte de los actos creativos del hombre se basan en mentiras. Muchos de los cuentos infantiles de nuestra infancia tuvieron un origen persuasivo mediante el miedo capaz de frenar conductoras indeseadas, historias que gradualmente han sido suavizadas para no traumatizar mentes vírgenes, pero el mensaje de fondo sigue estando ahí.
No se requiere gran habilidad para convencer a un niño de imposibles y hacerlo creer cualquier mentira que escuche.
Sin duda alguna esas mentiras tienen por objetivo el educar que no se debe desoir la experiencia de los mayores, que no se debe mentir para evitar tener una nariz kilométrica, que no se debe hablar con desconocidos para no transformarse en el almuerzo de un lobo, que siendo puros de espíritu y obrando siempre bien podríamos llegar a calzar el zapatito de cristal.
Se puede llamar mentira o fantasía pero somos nosotros quienes de cierta forma le hemos dado un apellido a esas irrealidad es siendo la fantasía positiva y la mentira negativa.
Es nuestra claridad espiritual la que nos podrá librar de ser engañados por una mentira y seducidos por una fantasía aunque, querámoslo o no, más de alguna vez los apelativos pueden ser confundidos y sus resultados también.
Si no ¿dónde quedaron las armas de exterminación masiva capaces de justificar una invasión?
¿Mentira dañina o fantasía utilitaria?
Depende del lado del argumento en que se esté.

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