Delante del que va delante

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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¡Voy bien! De hecho, voy cada vez mejor. Al menos eso creo. Si sigo a este ritmo sostenido, en breve podré adelantarlo y quedar delante de quien me antecede. Llevo mucho tiempo sobre exigiendo mi andar pero el cansancio no es una alternativa posible si el objetivo lo tengo claro y ahora se me hace tan posible. Mi única motivación es estar delante de quien va delante de mí. Hasta ahora he sacrificado demasiado como para renunciar cuando estoy a punto de lograrlo. Tiempo, esfuerzo, familia, vida. No puedo descansar. Debo adelantarlo a como dé lugar.
¿Y para qué?
Eso no importa, lo fundamental es que estaré delante.
¿Cómo guía?
No me interesa guiar a otros. No me interesa ser líder para el camino de quienes algún día podrían adelantarme, sólo quiero estar a la cabeza para saber que nadie me antecede, que fui capaz de superarlos a todos, que nadie es más que yo.
Avanzar en grupo es molesto y estéril sin posibilidad real de auto superación. Mi esfuerzo debe ser sólo para mí. Hogar, familia, barrio, vecinos, ciudad, país, continente, planeta, son cargas imposibles de llevar en esta carrera por estar adelante.
Mientras mire la espalda de otros no podré descansar y ahora que lo pienso, cuando los rebase tampoco, pues en un mínimo descuido podría perder mi posición de privilegio.
Vamos, un esfuerzo más y podré vanagloriarme de mi logro.
Cuando estoy a punto de adelantarlo, intenta bloquearme el paso con el sucio truco de la descalificación sin argumentos pero lo aplastó sacando a relucir errores de su pasado. Todos tenemos heridas o faltas del pasado frenando nuestro andar por el lastre de ese dolor que provocamos o nos provocaron, por lo que mi defensa ofensiva fue efectiva.
No sólo lo adelanto sino que lo aplasto para asegurarme de que no atentará jamás contra mi merecida posición de privilegio.
Estoy seguro de que el universo ante mí, me llenará de energía para no sólo estar delante sino que dejar a todos muy atrás.
Vamos, vamos...
Lo logré, estoy delante y siento una sensación de plenitud fugaz.
Nadie delante mío, nadie a mi costado, nadie con quien compartir mi éxito.
Nadie.
Me siento sólo.
¿De qué vale un objetivo cumplido si no se puede compartir la felicidad del logro con los afectos más cercanos?
La historia está plagada de individuos con anteojeras de caballo de carrera enfocado en uno y sólo un objetivo que después de haberlo logrado, al no tener con quien compartir la experiencia, terminan solos en el más completo abandono humano. Terminan tan adelante del grupo que el grupo ya no los considera.
Estar delante, de manera egoísta y auto complaciente, no parece ser una buena fórmula de vida pero tampoco se trata de transformarse en un hombre sin identidad que siga a la manada sin una opinión definida sobre su actuar.
Como siempre todo extremismo es malo pero una vez que se ha obtenido el rechazo del grupo es muy complicado salir de esa condición, mientras que al formar parte de un grupo siempre se podrá discutir para defender las ideas propias, llegar a consenso en el cómo actuar o simplemente buscar el propio camino pero siempre, siempre, acompañado de sus afectos.

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