Quejumbre

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
Imprimir

Cuando amigos, instituciones y organizaciones amigas arman algún evento saben que pueden contar conmigo. Me he ganado un respeto sin par por mi orden y compromiso, por ello es que generalmente me toca la tarea ingrata que nadie quiere abordar: cobrar.
Para algunos es de lo más aburridor que hay, estar por horas y horas pegado a la puerta o la caja sin poder disfrutar del espectáculo. Adicionalmente requiere de concentración y orden, cuando se maneja dinero las amistades se hacen más frágiles. Lo que es a mí, me encanta. Salvo por un detalle, pequeño detalle.
Somos poco conscientes de cómo funciona la organización de un evento hasta que nosotros mismos montamos uno. Hay una infinidad de gastos que cubrir y necesidades de los invitados y convocados que merecen un trato respetuoso, digno y acorde a su contribución.
Por otra parte, no se debe ser excesivo en el cobro, hay que darle opciones a todo el mundo para asistir a actos culturales, (aunque creo que el gobierno debiera preocuparse de eso y solventarlo, no solo del Ministerio de Defensa se alimenta el hombre) familias numerosas incluidas.
Alguien dedicado al rubro del folklore sabe que no es algo para hacerse millonario.
Salvo un personaje especial, que nunca falta. Ya tanto he visto a este arquetipo de asistente que lo he bautizado como el Quejumbre.
El Quejumbre llega tarde, apurado y de mal humor (suele andar a pie, rara vez en auto).
Sin saludar pregunta, con cara de pocos amigos: “- ¿Cuánto es?” Casi sin esperar respuesta, y sin importar la cifra; alega: “-¿Por qué tan caro?” Ante la inquietud, con mucha cortesía, aludo a los mismos argumentos que planteé en párrafos anteriores. No le interesa, no le incumbe y no impedirá que siga peleando (solo).
“- Pero si en la radio (revista, periódico o lo que sea) X, dijeron que era gratis…” Lo primero que uno piensa es, entonces, ¿Por qué pregunta cuánto es? Se pilla más rápido a un mentiroso que a un ladrón.
Hay que explicarle que no, que siempre se ha cobrado y que siempre se comunica el costo por las vías oficiales que maneja el organizador.
“El año pasado no me cobraron” Y así, sigue y sigue el Quejumbre. Aún cuando en el fondo de su conciencia inconciente sabe que uno mismo le cobró, y que le cobró lo mismo que este año, que disfrutó del espectáculo y que lleva cinco años pidiendo rebaja para él y sus amigos. Aún así, sigue quejándose, no sabe hacer otra cosa.
Finalmente paga, pero suele inquirir: “¿Y a qué da derecho esta entrada?”. Exige un vaso de vino, una empanada o cualquier cosa. El tema es joder.
Cuando la respuesta es negativa lanza un comentario a la espalda y cobarde. Hay variantes, pero va en línea de “Por eso el folklore está como está”.
Un resumen de los alegatos del Quejumbre:
“Tan lejos que es esto”, “La micro venía llena”, “Me costó llegar”, “Si no hay lugar para comer, me voy”, “Voy a tener que pagar y voy a estar un ratito”, “No había ninguna señalización para ubicarse”, “Hagan estas cosas en otro día de la semana”.
Termina el espectáculo y el Quejumbre, al irse, sigue alegando. Encuentra a los músicos malos, el sonido deficiente, las sillas incómodas, la comida insípida, las bebidas tibias, el lugar horrible, los baños sucios y todo un cuanto hay.
No le duelen los mismos tres o cuatro dólares cuando se trata de cigarrillos, cerveza o por pagarle a un músico de rock que cobra en cifras de varios ceros.
¿Qué habría dicho Freud haciéndole terapia a un Quejumbre?
El día en que la conciencia y la cultura estén tan desarrolladas que se extingan los Quejumbres, podré morir contento.

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 (2) 2 37 20 12
+57 315 542 73 66

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.