Creyente agnóstico

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Me confieso agnóstico.
Mal. No tengo nada que confesar porque no he cometido ninguna falta reprochable a pesar de que los fanatismos contemporáneos si bien han existido siempre no hayan sido capaces de aprender nada de sus propios errores cometidos durante la historia y sigan queriendo condenar a quien no comulgue con su egoísta creencia e imponerse por la fuerza y no por el sentimiento o la razón.
Soy agnóstico principalmente porque creó en la libertad del hombre y rechazo de plano cualquier dogma como verdad revelada incuestionable, esa que suele estar en la base de cualquier religión.
Creó en algo y el ir acotando al sentimiento y la razón ese algo es lo que me permite seguir adelante.
No necesitó de la comprobación científicamente irrefutable de todos los fenómenos que definen nuestro diario vivir ya que mientras más respuestas encontremos, más complejas y profundas serán las nuevas preguntas.
No comprendo a cabalidad cómo funciona la electricidad y creó que nadie la ha comprendido aún al 100% pero la uso a diario.
Del mismo modo me es muy difícil entender la vida pero la vivo.
Así como al llegar la noche accionó el interruptor para encender la luz sin esperar a que otro lo haga por mí, del mismo modo vivo mi vida como siento que hay que vivirla y no como otros pretendan que yo lo haga. Y cuando digo otros, me refiero a los amigos, la familia, la publicidad, los gobiernos, los grupos de variados fanatismos, etc.
No digo que debamos renegar absolutamente de ellos por nuestro pretendido conocimiento que las más de las veces es sólo ignorancia. Lo que debemos hacer es escucharlos, investigarlos y evaluar a conciencia el mensaje que se nos entrega si de verdad estamos interesados en convivir con quien sea diferente a nosotros.
Incluso esas palabras sembradas por los fanatismos más extremos merecen ser escuchadas para encontrarles alguna raíz de verdad o para rechazarlas absolutamente.
¿Quién sino un fanático puede llevar al extremo sus creencias tratando de hacerlas valer?
Galileo fue un fanático quien incluso al borde de la muerte siguió defendiendo su verdad.
La defensa de las ideas que uno cree verdaderas es irrenunciable pero tiene un límite más que sabido aunque pocas veces respetado.
La libertad para defender mis ideas termina donde empieza la libertad del otro.
Como muchos ideales es una promesa de perfección que al no ser respetada lleva al odio.
Intentar que el otro comprenda, asimile sienta, crea, mediante mi ejemplo y no mi imposición debería ser la fórmula utilizada por todos quienes crean que su verdad es en beneficio de todos.
No ha existido ni existirá ninguna guerra santa que responda a este principio fundamental y lo que teóricamente comienza impulsado por el amor a una divinidad termina en odio por el prójimo.
Lamentablemente fue, es y será así mientras el hombre sea hombre. Podrá cambiar la forma pero el fondo seguirá siendo el mismo.
Aun así me declaró un agnóstico creyente, creyente en una fuerza superior a mí que no requiere de tanta explicación y creyente en la raza humana y su capacidad de amar.

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