Solidario

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Se viene el fin de año.
Cierres por doquier. De talleres, del año académico, recesos, vacaciones, Navidad y Año nuevo.
Hay muchas actividades a las que he sido invitado, algunas de ellas “solidarias”. ¿Por qué va el concepto entre comillas? Porque creo que el concepto está totalmente mal entendido.
Claro que sí. De las más de diez invitaciones que he recibido a eventos que reciben tal rótulo podría decir que unas seis o siete han tenido una estructura muy similar.
Primer acto: Dice el anfitrión que no tiene dinero o que tiene muy poco.
Segundo acto: Da las características del lugar, del público, de la connotación y contexto que quiere dársele al acto (A veces poniendo exigencias, inclusive).
Tercer acto: ¿Aceptas o no? Y por favor dame tu respuesta para ayer (Para sonar más convincentes en este acto en ocasiones se incluyen adulaciones gratuitas a tu trabajo o alguna golosina para alimentar tu ego).
Mi abuelito, hombre muy sabio, siempre decía que para saber pedir hay que saber ofrecer. Como nieto obediente que soy pregunto: ¿Qué ofrecen? Allí se presenta el primer inconveniente, la gente suele quedarse en lo monetario.
Luego de la pregunta aumentan la oferta en unos cuantos pesos, casi siempre pensando en lo que uno invertirá en desplazarse al lugar en cuestión.
Si es así, mi respuesta es hasta luego y en mi mente pienso que de solidaria su invitación muy poco tiene (Es lo que la mayor parte del tiempo sucede).
No obstante, hay personas que si tienen imaginación y si son personas. ¿La plata no es mucha? Sí, pero ofrecen irte a buscar y/o dejar o ambas. “No podemos pagar mucho, pero tenemos algunos regalos para tí”. “En el evento se van a prestar otros servicios, puedes hacer uso de ellos”, “Quedas en total libertad para usar las dependencias del lugar a futuro en lo que estimes pertinente”, “Vamos a compartir una rica once y grabaremos un video para difundir tu trabajo”. Ahí ya estamos conversando, esa si es solidaridad. Se da una forma de trabajo en que todos, sin excepción, ganan. Me gusta la gente inteligente y constructiva.
Aunque es sabido que mi postura es que no se debe actuar gratis, sé que el dinero no lo es todo y no soy un mercenario. Si así fuera estaría cien por ciento dedicado a la profesión que estudié y encerrado en una oficina física y mentalmente, cosa que dista mucho de la realidad que elegí.
Existe un carácter social en el trasfondo de ser cuenta cuentos, hay responsabilidades humanitarias que cumplir, sin duda. Pero no por ello voy a ponerme el hábito de Sor Teresa de Calcuta y regalar mis horas de estudio, trabajo y esmero, además de invertir en transporte, comida, tiempo, arreglar problemas de audio, recibiendo estrés ajeno, cuando hasta la invitación es hecha con indiferencia y prepotencia.
He aprendido de la experiencia de ir a eventos “solidarios”. Por ellos he pasado hambre, frío, malos ratos y más de alguna vez me han hecho ir para decirme luego que no hay espacio para mi presentación y que mejor es que me retire del lugar. Criterio ante todo, humanidad y criterio.
Somos humanos, somos personas…Creo. Por fortuna tengo un buen olfato (que he pulido con los años, mientras mi inocencia y ciega confianza en los demás agonizaban) para detectar cuando alguien necesita solo una prostituta cultural de turno y no le interesa en absoluto el generar un ganar-ganar.
Si mi radar hace click, mi respuesta será siempre un no, educado no, pero un no al fin.
¿Quiere hacer un evento solidario? Es requisito para ello saber ser solidario.

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