Entretenimiento en casa

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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La generación de espectáculo tiene múltiples intenciones, y entre éstas se nos ocurre que predomina la de la creación de una especie de unanimidad mecánica, que permita mantener el pensamiento, en caso de que éste sea utilizado, ocupado en la solución de asuntos que no trasciendan los de la vida cotidiana, que cada día resulta más insoportable, y garantizar la permanencia de instituciones menos responsables, dirigentes políticos cada vez más comprometidos con sus intereses personales, y sociedades en cuyo seno se incrementa la inseguridad en todos sus ámbitos y decrece la noción de futuro.
La exigencia de espectáculo es cada día mayor, y en vista de la demanda, todo cuanto ocurre a nuestro alrededor parece estar construido sobre la obligatoriedad del impacto, para cuyo logro se requiere de la creación constante de situaciones con visos de novedad, sin importar si éstas tienen o no relación con la circunstancia humana, porque la intención no es explicar algo a través de él, sino mantener en vilo la curiosidad y vigente la ignorancia.
Ningún estímulo se niega actualmente, con la condición de que éste se halle atado a una forma de espectáculo y cumpla con requisitos indispensables como la postergación indefinida de explicaciones y del cumplimiento de promesas.
El espectáculo está cada vez más presente en la vida cotidiana, porque es un mecanismo idóneo para evitar que el pensamiento se detenga en reflexiones, y por eso quienes tienen el encargo de promoverlo no desperdician oportunidad para llevarlo a todos los sitios, e introducirlo, aún en aquellos lugares adonde la vida exterior tarda en entrar, como por ejemplo, la intimidad del hogar.
Si alguna vez creyeron, quienes jamás salen de casa, porque decidieron apartarse del mundo exterior para evitar una contaminación, que se iban a librar de ésta, están equivocados, porque el espectáculo, que es lo que más abunda en nuestro entorno, no descansa hasta conseguir entrar en los más recóndito de la sociedad, y cumplir con su objetivo fundamental de uniformar el gusto, el pensamiento, el deseo, etc.
Para entrar subrepticiamente a los lugares protegidos por la voluntad de aislamiento de sus moradores, el espectáculo se sirve del incondicional apoyo de los denominados medios de comunicación, sobre todo de aquellos que llegan con más facilidad al público, porque no exigen grandes esfuerzos mentales para su recepción, como la radio y la televisión, y ahora, claro está, el internet, a través de la competencia que se libra entre ellos, y que los convierte en promotores alternativos y obedientes del entretenimiento, debido al tratamiento lúdico que le hacen a la información, antes de convertirla en noticia, para hacer de ella un espectáculo más y garantizar de esa manera, pues no parece haber otra disponible, la lealtad de su audiencia.
La ausencia de público en lugares diseñados para representaciones en vivo, como salas de teatro, y demás actividades afines, sobre las cuales recae la sospecha de poner a pensar al espectador, puede ser una consecuencia de la importancia que han cobrado estas nuevas ofertas del entretenimiento, que limitan al ser humano a un espacio cada vez más reducido, porque le permiten ser receptor de espectáculo sin salir de casa, y de paso le insinúan que para socializar no es necesario moverse ni juntarse con la gente.
Pero ahí no queda todo, porque el poder de seducción que poseen los medios mencionados ha generado entre muchos de los que se ocupan de actividades escénicas, la decisión de competir con éstos, y es quizás esta la razón por la cual en muchos espacios escénicos las representaciones que se hacen no son ya las tradicionalmente orientadas a indagar sobre la condición humana, sino a divertirla.
Así es que quien no consigue armar espectáculo con su propuesta, corre el riesgo de extraviar su camino hacia la gloria. 

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