Muhammad Ali

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
Imprimir

¿Qué tiene que ver esta columna con los cuentos? Todo. Hace algunos días vi el interesante documental Facing Ali, donde se habla de la vida del pugilista a través del testimonio de todos los campeones de boxeo que tuvieron la oportunidad de enfrentarlo.
Con gran estoicismo (y objetividad, si es que dicho concepto existe) cada uno de los exponentes habla de las cualidades que ostentaba el controvertido peleador. La conclusión unánime es que, por lo menos, tenía unos dotes privilegiados que le llevaron a ser uno de los mejores, si es que no el campeón indiscutible de todos los tiempo en la categoría pesado. 61 peleas a nivel profesional de las cuales perdió solo 5. 56 victorias, 37 de ellas por K.O.
¿Pero son solo las estadísticas lo que le hacen único? Lo dudo.
Si bien eso bastaría para llevar a la cima a cualquiera que se dedique al box, no debemos dejar de lado la historia que lo rodea, la mística que creó y el espectáculo que brindaba en cada uno de sus enfrentamientos.
Muhammad Alí, otrora Cassius Clay, se refería siempre a sí mismo con una frase: “I’m the Greatest”, claramente eso influyó en su forma de enfrentar el deporte.
Si cada uno de nosotros desde el momento que abrimos los ojos al despertarnos nos alimentáramos de palabras como esas en algún momento, tarde o temprano, tendríamos que asumir la responsabilidad de acortar la brecha entre discurso y comportamiento. Alí lo hizo, de forma muy efectiva.
Se atrevió a enfrentar el racismo, la discriminación y la segregación con una consecuencia pocas veces vista. Se negó a ir a combatir a Vietnam, por lo que sus títulos le fueron confiscados y se le expulsó de toda asociación deportiva por tres años (especialistas dicen que posiblemente le privaron del período en que alcanzaría el mayor equilibrio entre juventud y madurez). Se cambió nombre y apellidos, optó por una religión marginada en ese tiempo, el Islam.
Volvió de su exilio y reconquistó ambos cinturones.
Era una personalidad difícil de llevar, eso está claro. Generó muchos anticuerpos a su alrededor. Pavoneaba de sus dotes, se jactaba de hacer pronósticos acerca de los resultados diciendo incluso en que round noquearía a sus rivales. Más de alguien podría decir que se trataba de un fanfarrón que buscaba cámara y ,en cierto modo es cierto. Pero podía avalar sus palabras con sus resultados. Tenía un nivel de manejo de la palabra que incluso le permitía moldear la realidad.
Forjó una historia a su gusto. Gracias a la palabra logró lo que para un personaje de sus características sociales era imposible. Luchó con el gobierno de su país fuera del cuadrilátero y en esa área, donde era más débil, finalmente salió vencedor.
Desde muy temprana edad su lema era “Vuelo como mariposa, pico como abeja”. A quien vea una de sus peleas le quedará claro que es el mejor resumen de su estilo. ¿Forjó el estilo primero o fue esta frase la que lo moldeó a él?
¿Era el más grande o el decírselo en cada entrenamiento lo llevó a serlo?
No oculto mi admiración. No solo en lo estrictamente profesional sino también en lo personal hacia este ser humano.
El lenguaje crea realidades, se dice mucho para mostrar cultura general. Decirlo, entenderlo y aplicarlo, son cosas muy distintas. Alí, ya lo hizo.

Contáctenos

Teléfonos de contacto:
+57 (2) 2 37 20 12
+57 315 542 73 66

Dirección:
Calle 4 No. 6-57 Buga - Valle del Cauca - Colombia

E Mail:
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.