Doña Violeta Parra

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Hablar de Doña Violeta Parra es hablar de uno de los personajes más importantes en el arte chileno, latinoamericano y del folclor. Quizá uno de los más trascendentales a nivel mundial, incluso.
Si me preguntan a mí, es un personaje increíble y e irrepetible. Con solo haber impedido que el guitarrón chileno se extinguiera, ya se merece todo mi respeto y cariño. Sobre todo porque se atrevió a explorar un mundo exclusivamente de hombres, en ese tiempo, con respeto y astucia. Nuestro país le debe mucho y le deberá siempre mucho.
Uno de mis primeros acercamientos a ella fue escuchar el clásico “Que pena siente el alma” y leer estas palabras en una revista clandestina de corte político: “…Tal vez les diría a los jóvenes creadores que escriban como quieran, que usen los ritmos que les salgan, que prueben instrumentos diversos, que se sienten en el piano y destruyan la métrica, que griten en vez de cantar, que soplen la guitarra y que tañan la trompeta, que odien la matemática y que amen los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta”. En su momento no entendí a que se refería, con mi corta edad solo podía juntar las letras para hacer palabras.
Hace algunos años me encontré de nuevo con esta cita, fue incluida en la película Violeta se fue a los cielos, dirigida por Andrés Wood y cuya protagonista fue Francisa Gavilán.
Hace un par de semanas me encontré de nuevo con este testimonio, en el muro de facebook perteneciente a una banda cuyos temas en mayoría son reversiones que distan mucho de lo que Doña Violeta Parra hubiera querido para la música chilena, aunque para gustos hay colores.
Me quedé pensando…
Y pensando…
Si Doña Violeta Parra estuviera viva o pudiéramos hacerla resucitar, ¿Cuál sería su opinión de qué se usara tanto su obra?, ¿Lo habría permitido siquiera?, ¿Cómo estaría haciendo música ella?, ¿Qué pensaría de la calidad de los poetas populares de hoy?, ¿De los recopiladores?, ¿De los folcloristas?, ¿De los compositores?
Difícil hacer especulaciones con respecto a una personalidad genial, impredecible, compleja y explosiva como la que ella tenía, por lo tanto lo dejaré a la reflexión para el lector. Especial énfasis al lector que sea músic@.
Reflexionar y hacer…
Doña Violeta… ¿Qué podría decirle yo?, ¿Qué sería lo más honesto de comunicarle a modo de resumen en sus años de ausencia?
La extrañamos a Ud. y a personajes como Ud., sinceros, honestos, sin disfraz. Que cantaban de lo que sentían, sabían y conocían. Gente del pueblo y para el pueblo.
Sepa que siguen habiendo cultores, siguen viviendo en el campo y siguen haciendo la poesía y la música como de hace siglos se viene haciendo en zonas rurales.
Sepa que se le tutea mucho, que muchos de los mismos que le negaron oportunidades se jactan de haber compartido con Ud., de haber estado en su carpa (cuando en las fotos claramente hay dos o tres pelagatos siempre).
Sepa que hay que postular a fondos concursables donde el arte la han transformado en burocracia y los músicos deben competir entre ellos para hacer lo que saben hacer.
Sepa, Doña Violeta, que hasta el día de hoy cuesta sonar en una radio, cuesta mantener la tradición y la música de raíz. Sepa que hicieron una ley que exige a las radios emitir un 20% de música chilena, oyéndose muy poco el rabel, el arpa, el guitarrón, música mapuche, la traspuesta, el violín chilote, las zampoñas, las quenas y los instrumentos típicos en general.
Sepa que hicieron un museo con su nombre y tiene pinta de centro comercial. Sepa que el medio sigue siendo para unos pocos, los mismos de siempre, que aparecen en radio, diarios, teatros, revistas y un aparato que reproduce audio e imágenes a color: la televisión.
Porque en la actualidad muy pocos destruyen la métrica, escasamente se sopla la guitarra y se tañe la trompeta y el pájaro de la creación casi exclusivamente se remite a volar con timidez en líneas rectas de pequeña envergadura.
Parece ser que es más fácil echar mano a alguna de las canciones que Ud. inventó o recopiló, antes que arriesgarse a crear algo nuevo.

En casi veinte millones, no hay un pan que rebanar…

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