Los mismos de siempre

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Nada más bello que emprender el largo camino que requiere el aprender un arte nuevo. El espíritu está lleno de entusiasmo y uno hace cuanto esfuerzo sea necesario por aprender, por mejorar, por hacerlo mejor.
En mi caso, que tengo múltiples intereses y talentos, he pasado por esta sensación muchas veces. Es una de las más exquisitas vivencias que alguien puede tener, porque es indivisible e inseparable de la fuerza motora que tácitamente conlleva.
Y así es que uno comienza a pulirse y perfeccionarse, siempre con una ingenua buena intención.
Hasta que pasa algo, un click en el cerebro del que no hay vuelta atrás.
A medida que uno más conoce, es más probable decepcionarse.
Vas a empezar e ver espectáculos, muestras, maratones y empezarte a preguntar en base a lo que personalmente has logrado, ¿Cómo llegó ese sujeto allí?, ¿Cuál es su mérito para haberse ganado ese escenario?, ¿Qué tiene de especial su propuesta?, ¿Por qué tantas pleitesías del público? (Si no haces este tipo de análisis ante un evento, entonces, comienza a hacerlo).
Vas a darte cuenta que muchas veces los que más tribuna tienen no necesariamente son los mejores exponentes, en ocasiones ni siquiera alcanzan el nivel de la más cruda mediocridad.
No te cuestiones tus capacidades, no hay nada malo con ellas. Pasa que en este país más vale ser amigo de tal o cual o haber recibido un título o cargo por haberle caído en gracia a alguien de mayor rango. Mediocres habrá en todas partes, hoy, mañana y pasado mañana.
Quizá te decepciones y eventualmente quieras tirar la toalla y dedicarte a otra cosa. No lo hagas, en toda área que quisieras abordar, va a suceder algo parecido. La misma película, con actores diferentes.
Quizá quieras compartir tus opiniones e inquietudes con el resto de tus colegas. Mantén silencio o saldrás perjudicado. Contará con más apoyo un mediocre simpático que un gran exponente tildado de “tonto grave”, a la gente no le gusta escuchar las verdades crudas.
Quizá quieras mandar a buena parte a aquél que con falsas muestras de amistad te diga que está encantado de conocerte, que los que nos dedicamos a un oficio somos hermanos y cuanta cosa adulona pueda salir de su boca en público, pero definitivamente no te contesta los mails ni el teléfono cuando se trata de que te devuelva un favor. Ni te molestes, solo te cerrarán más espacios.
¿Habrá gente que venderá talleres para enseñar cosas de las que no tiene idea?: si. ¿Habrá mediocres?: siempre. ¿Habrá personajes con careta en los que no se puede confiar?: muchos. ¿Habrá acaparadores de escenarios y amiguismo?: todo el tiempo.
No importa, no interesa, no puedes cambiar esa realidad.
Trabaja en ti, trabaja en tu espíritu, invierte en hacer una puesta en escena a conciencia y toda tarea que empieces, termínala dando todo de tí. No mientas, jamás. No inventes maestros que no tuviste, no digas que conoces cosas que no conoces, no verbalices cosas que no puedas hacer de verdad en un escenario. Tu mejor herramienta eres tú y si, habrá momentos de tristeza y de frustración, pero te harán crecer y no ser uno más marcando el paso.
Solo así te transformarás en alguien distinto a los mismos de siempre.

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