Desconectado

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Durante las vacaciones, ilusamente traté de desconectarme de la rutina diaria en un vano intento por descansar y recuperar fuerzas para recomenzar.
El inconveniente fue que mi voluntad ilusa chocó de frente con la realidad de que para llegar a un nivel de desconexión relativamente aceptable ya no basta solo la voluntad.
Como insectos en una telaraña, estamos atrapados en la red mundial, la maldita señal nos sigue hasta donde vayamos y lo peor de todo es que en el fondo no tenemos la real voluntad de escapar de esa condición (www, World Wide Web, red o telaraña por todo el mundo).
¿Por qué llevar el teléfono móvil, ese mal llamado aparato inteligente, a vacacionar con nosotros si en unos pocos días ninguna catástrofe aniquiladora se avizora sobre la humanidad? y por último si así fuese, ¿de qué nos valdría un teléfono si nadie estaría del otro lado para contestarnos?
Nos creemos imprescindibles y por lo tanto, necesitamos estar ubicables para solucionar los problemas de la sociedad.
¿Será una cuestión de ego gigantesco o pecamos de ilusos?
¿A quién le importamos realmente?
A nuestros padres y a nuestros hijos en el mejor de los casos y pare de contar, eso si nuestros padres no son aun seniles olvidándose de su descendencia y nuestros hijos han superado esa edad en que solo ellos tienen la razón porque todos los demás son unos idiotas.
En nuestro mundo contemporáneo, desconectarse es el lujo de unos pocos; de aquellos que son capaces de pagar su desconexión y de aquellos que son capaces de razonar y dejar la conexión en stand by por un tiempo indeterminado.
¿Pero es tan mala la conexión perpetua?
Depende.
Así como existen escritores que buscan en la grandilocuencia de la naturaleza su fuente de inspiración y existen otros que trabajan en un estudio de paredes blancas sin adornos perturbadores, de igual manera existen aquellos para quienes la conexión significa inspiración pues buscan en el ciber espacio la información necesaria que gatille su creatividad mientras para otros solo es fuente de distracción alejándolos de su ruta creativa.
Las ciber musas son una alternativa indesmentible sobre todo para las nuevas generaciones hijas de las pantallas touch.
Así como cada uno sabe dónde le aprieta el zapato, cada uno tendrá que definir su postura frente al ciber mundo que nos está tocando vivir.
La www puede llegar a ser la mejor de las bendiciones o la peor de las maldiciones, dependiendo del buen o mal uso que hagamos de ella.
Como ha sucedido a lo largo de la historia, es indudable que en el futuro la tecnología se superará a si misma llegando a niveles tales que el estado actual de conexión parecerá un relato sacado del paleolítico. Más temprano que tarde, debemos encontrar la forma de amistarnos con esta condición de hiper conexión y sacar el mayor provecho posible con vistas a potenciar nuestra creatividad.
La herramienta existe y ha llegado para quedarse en nuestras vidas y acompañarnos donde sea que estemos, querámoslo o no.
Quizás antes de estrechar la mano de una persona por primera vez, primero lo busquemos en la web.

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