Visita

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Chile es tierra de poetas… Y de muchas otras cosas más, talentos de mucho calibre y desparramados por nuestra angosta faja de terruño al que llamamos país. Cuando un chileno emprende el viaje a otras patrias causa sorpresa con solo llegar. Para nadie pasa desapercibido el que en este lugar alejado del mundo las artes tienen excelentes exponentes.
Podría decirse que estamos donde el mundo se acaba y, además, divididos entre tres continente. Aún así, con estas desventajas, con un clima muchas veces despiadado y con un despertar reciente en ciertas cosas, podemos pararnos de igual a igual ante cualquiera.
Eso afuera.
Como dice el viejo adagio: Nadie es profeta en su tierra.
Cuesta, es difícil, hay que dejar sangre sudor y lágrimas en el escenario para lograr subsistir solo de las artes en Chile. En parte porque los mismos artistas se sabotean, cosa de la que ya he hablado en otras columnas escritas previamente, y porque quienes debieras preocuparse de fomentar la cultura lo hacen a medias.
Esto me resulta curioso en grado sumo, ya que, solo sucede a los chilenos.
Cada lugar que ofrece un espacio para mostrar un espectáculo suele tener un conducto regular bastante estricto, que exige correos electrónicos, visitas, llamadas por teléfono, largas conversaciones, llenar formularios, presentar documentos de todo tipo (afortunadamente nunca me han pedido el certificado de defunción) y varias cosas más que desalientan en el objetivo de hacer cultura.
¿Todos hemos pasado por eso, no?
Salvo que seas extranjero.
No importa tu nacionalidad, tu currículum, si lo haces bien o no. Si tu apellido tiene sonsonete foráneo ya tienes la mitad de la carrera ganada.
Los mecanismos burocráticos abren sus puertas, las conversaciones se hacen más amables y es poco probable que te digan vuelva mañana o lo llamamos.
Siempre habrá una fecha que te puedan acomodar y te darán muchas facilidades.
Eso sin contar el poco aprecio que tenemos por lo propio, si eres forastero al poco tiempo te harás de un gran grupo de amigos adulones.
Algunos dirán que soy exagerado, pero haga un ejercicio. Observe afiches e informativos de actividades de gente de otros lares; personas que ni siquiera conocen el trabajo del allegado no escatimarán en halagos, sus nombres irán laureados de adjetivos incomprobables y observe los precios elevados de su quehacer en comparación con sus equivalentes locales.
No está mal ser amable cuando la cosa es equitativa, pero a veces nos excedimos un poco y dejamos de ser nosotros por complacer a la visita.
He sido visita y la verdad han sido bastante duros conmigo, si bien se aprecia el trabajo de calidad, las facilidades no son tantas y no existe privilegio.
En el mejor de los casos te verán como a uno más, situación muy distinta a la que se evidencia en nuestro querido Chile.
Por ahí decía una canción: Y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero…
¿Y si el amigo no es forastero?

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