Castración mediática

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Muchos de nosotros estamos conscientes de la castración intelectual que nos provocan los medios de comunicación masiva aunque para no transformarnos en el bicho raro de la manada los seguimos consumiendo regularmente como un drogadicto dependiente de su inmisericorde traficante proveedor. Pareciera que nuestras conciencias son secuestradas por los pases mágicos de todo el aparato mediático y el conejo saliendo del sombrero de copa nos impide cuestionar los contenidos. Como Dorothy, lo seguimos ilusionados sin darnos cuenta que el mago solo quiere meterse en nuestras conciencias para llegar a nuestros bolsillos siempre endeudados.
Ya no masticamos el alimento. Con dificultad recordamos los tiempos cuando el comer era toda una ceremonia; en familia, casi una ceremonia, masticar, degustar la complejidad de sabores, digerir. Ahora recibimos una papilla insípida que nos mantiene vivos y hasta suero a la vena para evitar todo contacto con la realidad.
Algo que se está transformando en un reflejo condicionado para muchos, es el abrir los ojos por la mañana y encender esa caja omnipresente en nuestras vidas, sintonizada en algún canal de televisión abierta para enterarnos de las últimas noticias acontecidas, creyendo así ilusamente que podremos estar informados.
Incluso antes de lavarnos los dientes ya comenzamos a ser bombardeados por mensajes que cumplen con la línea editorial del canal y como el canal le pertenece a alguien con ansias de dinero y sobre todo poder, lo que nos llega es lo que el dueño nos quiere transmitir para cumplir con su cometido.
Ya sea un gobierno o un particular, ese alguien por ningún motivo nos dirá la verdad si eso implica ir en contra de sus intereses. Ya sean ideológicos, religiosos e incluso culturales, no es tan difícil correr el velo para darnos cuenta que siempre son económicos.
Más que información, lo que recibimos es desinformación orientada a modificar nuestro comportamiento de potenciales consumidores ávidos de tener lo que no necesitamos.
La prensa escrita sigue la misma regla de oro, según ellos entregándoles a los lectores lo que estos quieren leer.
¡Mentira!
Lo que nos entregan es lo que ellos nos están obligando a consumir para consumir más y más y más en una escalada psicótica sin fin.
Pan y circo.
Nada ha cambiado desde esos años en que los gladiadores dependían del pulgar de Cesar o unos escuálidos cristianos indefensos eran devorados por leones hambrientos ante una muchedumbre identificándose con el león.
Nosotros somos los cristianos y los leones son los propietarios del mundo, cúpulas invisibles a las cuales por supuesto, jamás podremos acceder.
De vez en cuando como en una rabieta de niño mal criado, nos manifestamos contra esa mano negra que rige nuestros destinos. Una huelga de brazos caídos, una protesta bulliciosa, pancartas ingeniosas.
Nada más que berrinches intrascendentes. Después de la tormenta viene la calma en que la mano negra nos arrulla con su canto de sirena atrayéndonos al abismo.
¿Qué hacer entonces?
¡No sé!

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