Viaje al fondo del mar

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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En los años sesenta emitían por televisión una serie de aventuras norteamericana llamada "Viaje al fondo del mar" donde la tripulación de un submarino de avanzadísima tecnología para la época pasaba las mil y una peripecias.
¿Cómo olvidar esos monstruos marinos donde era evidente que el disfraz echo de espuma no era de la medida del actor que decía a la perfección sus parlamentos?
Convincentes grrrs acompañados de movimientos epilépticos seducían nuestra imaginación para hacernos creer lo evidentemente falso.
Queríamos ser Richard Basehart, el capitán o David Hedison su primer oficial, los únicos que podían utilizar el batí sub, un mini submarino menor que se desprendía entre burbujas de aire del Seaview, la nave mayor, para hacer peligrosas exploraciones en el fondo del mar.
Todavía nos maravillábamos con cosas simples.
Por supuesto la condición de niño ayudaba pero hoy en día ni siquiera los niños se maravillan con algo que no haya pasado por un complicado tratamiento tecnológico, toda la sociedad busca un híper realismo de mayor calidad que la realidad misma.
Los sonidos y las imágenes como parte de un relato tienen tal nivel de tratamiento y supuestas mejoras que no podrían existir en estado natural.
La realidad ya no parece interesante frente a un despliegue tecnológico capaz de hipnotizar nuestro interés.
Pero los efectos especiales tienen una particularidad; la capacidad que tenemos de recordarlos es directamente proporcional al tiempo que somos capaces de retener las peculiaridades del argumento donde fue utilizado.
Por luces y sonidos somos maravillados de manera instantánea y los olvidamos a la misma velocidad.
La permanencia de un relato en nuestra memoria pareciera estar entonces, más en la potencia vivencial del mismo que en los recursos tecnológicos utilizados para crear efectos especiales.
La realidad siempre superará a la ficción en términos argumentales y el desafío para todo creador es ser capaz de extraer de la realidad esos detalles que la hacen única.
Por mas recursos denlos que se dispongan, es imposible recrear la realidad de manera global por cuanto son miles de detalles los que tejen la trama.
La genialidad radica en saber reconocer y re posicionar los factores fundamentales en el argumento que estemos recreando, para hacer del relato, sea este visual, auditivo o de cualquier tipo de manifestación artística, una buena forma de no olvidar la vida real exenta de efectos especiales.
A bordo del batí sub quizás podamos llegar incluso a conocer a los integrantes de Rescate Internacional, una adinerada familia de marionetas a las cuales se les notaban todos los hilos pero que con sus misiones utilizando una nave que salía de una piscina, podían salvar al mundo de cualquier situación complicada y a nuestra imaginación permitirle maravillarse con la ingenuidad misma.
El viaje al fondo del mar nos puede llevar hasta lo más alto del cielo, eso claro está, si nos dejamos llevar hasta el misterio mismo del ser humano expresándose artísticamente.

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