Maestro

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Maestro… ¿Ha utilizado esa palabra para referirse a alguien?, ¿Por qué? Más de alguna vez me han dicho así y la verdad, no entiendo el motivo. Buscando tal palabra en el diccionario de la RAE aparece una sorprendente lista de 24 acepciones para ella. Muchas, demasiadas.
Eso es lo que me provoca cierta incomodidad cuando alguien me dice Maestro. No logro entender a que quieren referirse, no logró acertar a que es lo que pretenden hacer sino un halago gratuito y carente de honestidad. ¿Por qué dirá Ud.? Va la explicación.
Si bien es una palabra a la que espero algún día poder acceder como acompañante de mi nombre y apellido, hoy no me la creo tan fácil. A veces me presentan gente nueva y en cuanto saben que soy guitarronero, payador, cuenta cuentos, luthier, o alguno de mis oficios les llama la atención, lanzan un “Maestro, un gusto” o dicen una frase parecida al despedirse. ¿Basados en qué?, ¿Existe para ellos evidencia de que haga yo bien tales tareas con solo haberme visto una vez?, ¿Les consta que tengo desenvoltura en ello?
Una falsa veneración, y así como es falsa es efímera.
Un gesto bastante deshonesto, porque los mismos que tildan de Maestros a otros y se llenan la boca de loas son quienes menos respetan a los verdaderos Maestros, en primer lugar porque la mayor parte de las veces carecen de uno. Tan poco saben que adulan creyendo y pensando que el artificial y liviano agasajo verbal es lo que uno quiere escuchar.
Nada de eso.
Lo que me gustaría en verdad es ver que a los Maestros se le honra. Con trabajo duro, con seguir sus enseñanzas, con construir desde la verdadera tradición.
Cosas que se ven poco, la vanidad, el ego, la envidia, la competencia mal entendida impulsan movimientos que son terriblemente dañinos. Tanto a nivel patrimonial, identitario, folclórico, personal, y un largo etcétera.
No interesa mucho el fruto del largo proceso que es el aprendizaje, más importante parece ser el figurar. Estar ahí, no importa a que costo ni para que, pero hay que estar para que no estén otros. Lo he visto en los cuenta cuentos, lo he visto en la luthiería, lo he visto entre los payadores y también en lo que más amo, que es el guitarrón chileno.
Es terrible, en cuanto uno intenta plantear una idea constructiva de la índole que sea, aparecen los personajes que rebaten lo evidente y que ni siquiera tratan de elaborar un discurso argumentativo bien diseñado. A veces desconociendo a sus propios formadores o intentando reescribir la historia (cosa que es más decepcionante aún cuando viene de parte de una figura “consagrada”).
Ahora, cuando uno conoce, valora, respeta y entiende quien es y hacia donde va, puede también compartir con gente que no ha superado procesos básicos en su quehacer personal y artístico. No es posible forzar el entender de otros, eso es una aventura solitaria, en al que un Maestro debiera ayudar a guiar, a dar rumbo, a evitar que uno vuelva a descubrir la rueda.
Para saber decirle a alguien Maestro, es requisito clave haber conocido alguno, de lo contrario caemos en una paradoja y en un sin sentido.
La tradición está allí, el patrimonio verdadero está al alcance de la mano.
Todo mundo sabe quien puede aportar y cuenta con la autoridad, métodos y claridad para enseñar de una materia específica. Sabemos donde está el pasado y que solo desde el podemos construir un futuro con identidad.
La pregunta viene a ser, entonces, ¿Realmente quiero aprender? Si la respuesta es si, busque un Maestro ya y aprovéchelo.

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