Leyes del mercado 1.492

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Basta comprar en cualquier supermercado que se precie de su calidad sin igual, para darse cuenta de que nada dentro de ese modelo de consumismo es al azar. No me refiero a ese pequeño negocio de barrio en vías de extinción atendido por sus propios dueños donde se puede lograr incluso una relación de cercanía amistosa entre comprador y vendedor, sino a esos mega monstruos donde se puede encontrar desde pan teóricamente recién horneado hasta un equipo musical de alta fidelidad, desde lechugas frescas hasta ropa de bebés, desde bebidas de fantasía al más refinado de los licores espirituosos. Hay de todo lo comprable y todo tiene su razón de ser y de estar en el lugar adecuado, desde la música, pasando por la iluminación, los colores, los precios y la distribución de los artículos. Por supuesto las pequeñas tentaciones como el maní, los dulces, los chocolates, están casi a la salida para sacarnos hasta la última moneda de los bolsillos ya famélicos a esa altura de la compra.
Los niños con su inocencia e imaginación aun virgen, son presa fácil para las pretensiones de venta del mercado y obligan a sus padres vía berrinche incluido, a comprarles cualquier cosa, siempre y cuando el envase tenga el personaje de dibujos animados a la moda, auto adhesivos multicolores o un juguete insignificante.
Si en el ámbito de la economía se manipula al comprador de manera eficiente utilizando conocidas reglas de comportamiento ¿por qué el mundo del arte no es capaz de utilizarlas en su beneficio que en definitiva también sería un beneficio para la humanidad?
Es mal visto.
¿Por quién?
Por los mismos artistas que muchas veces tienen que mendigar público para su arte.
En vez de atraer a quienes deberían ser los receptores de su arte, casi los rechazan con su indiferencia anti mercado.
¿Por qué negarse a "vender" las ideas?
La palabra vender, está demonizada por quienes intelectualizan al extremo la comunicación que representa el arte.
Vender es convencer y si nosotros mismos estamos convencidos de que nuestro arte es bueno, vendámoslo a otros con las herramientas que el mercado utiliza tan bien.
Quizás no ganemos tanto dinero como lo hacen las grandes multitiendas pero al menos tendremos la calma de que nuestro mensaje sea escuchado.
No es necesario bajo ningún punto de vista recurrir a mensajes subliminales ya sean de imágenes ocultas a simple vista o escritos con doble intención. Basta saber que a quien y cuando.
Con esto no quiero decir que el artista deba someterse a los requerimientos del p,ublico sino que el artista debe saber a qué público orientar su arte.
¿Para que ir a contra corriente tratando de hacer fotografías de desnudos en un país musulmán? Aunque la calidad de ese trabajo considerado en muchos lugares como artístico sea de un nivel superior, el riesgo de ser lapidado es altísimo.
El artista no debe renunciar jamás a su ideal de arte pero si ubicarse en el mejor lugar tanto físico como social para desarrollarlo libremente y así lograr expresarse a cabalidad con la secreta ambición de cambiar su entorno en beneficio de todos.

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