Cápsulas de fantasía

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Hace unos días me vi envuelto en una polémica de dantescas proporciones. ¿Qué es mejor el susurrador o el cuenta cuentos? Mi respuesta sería depende. Un gran depende: ¿Para dejar contento al público o al organizador?
No oculto mi distancia con el arte del susurro. Me parece limitado en varias cosas si se le compara al cuenta cuentos, ahora, para ser transparente en ello voy a sacar punta al lápiz y referir mi historia personal al respecto.
Cierto día le comenté a la directora de una famosa escuela de cuenta cuentos de mi país que me parecía poco justo elegir a través de dedocracia a los asistentes a sus convocatorias, que así les llaman. Una de ellas era para formación de susurradores, creo que fue la primera, tal vez la segunda. Llamado abierto no hubo y como siempre, llegaron los de siempre. Tema que empezó y terminó allí, pues me dijo que ella era la Fundación y nunca más me volvió a hablar.
Que la formación de un susurrador era delicada, dijo.
Pasó un tiempo y me llamaron a un encuentro de egresados, me negué a susurrar y ello era un requisito. No podía hacerlo, no tenía la formación. Ante mi negativa, una de las profesoras se tomó un tiempo para enseñarme. Minuto y medio después ya estaba calificado (a nivel profesional) para susurrar.
No quise hacerlo, me negué.
En ese tiempo no había gran interés por el susurrador. Había que conseguirse un paraguas cualquiera (que ahora se llaman pequeño universo portátil) y carecían del uniforme azul que ahora tienen. Vestían sin tanto colorido estrafalario y no se disfrazaban de algo que podría traumatizar a más de un niño, como lo hacen hoy.
Pero llegó un día en que juntar a muchos de estos sujetos comenzó a ser más rentable y vistoso, por lo tanto más provechoso para la imagen corporativa y de repente todo el mundo se empezó a motivar. Claro, se necesita menos estudio, menos memoria, menos creación de atmósfera y en caso de hacerse mal con suerte serán un par de personas las que se quejen y no un grupo mayor como le podría pasar a un cuenta cuentos si el panorama se sale de las manos.
¿Repertorio nuevo? Fácil de armar considerando que las historias a contar no duran más de tres minutos, se pueden repetir y no necesitan casi del cuerpo o de un guión de movimientos.
Mientras sea novedad (en Chile, en otros lugares se lleva décadas susurrando), oyentes no van a faltar.
También el efecto techo deja a todos contentos. Un mal narrador, cuentero, cuentista o cuenta cuentos puede ser un excelente susurrador.
Para el organizador es muy conveniente, además. No invierte en transporte, las herramientas de trabajo las pone cada uno y como ya van vestidos a veces ni siquiera camarín es necesario. Se reducen los costos y el pago se mantien a niveles bajos, por lo tanto se puede ostentar de un gran número de figurines para la foto. Cuando el número es importante, las fotos en gran cantidad se agradecen.
¿Ahorro? En escenario, en audio, en iluminación, en coordinación, en tiempo, en suma y sigue. Se termina la función y ni siquiera hay que recoger el material, se rompe la taza, cada quien para su casa.
Pura economía.
No se vayan a ofender aquellos a los que les gusta más el susurro, pero el que esté de moda se debe en gran parte a ello. ¿Pensaba Ud. distinto?
En lo personal, me gustan más los mundos de fantasía que las cápsulas de fantasía.

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