Improvisación planificada

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Quien se dedique a cualquier actividad artística en la cual de alguna manera esté implícita la improvisación, si es un verdadero profesional, nunca improvisará realmente sino que será capaz de utilizar una combinatoria de herramientas adquiridas durante el proceso de aprendizaje de su disciplina para crear la ilusión de que realmente improvisa aunque se esté moviendo sobre terreno seguro. Es más, según mi modesta opinión, creo que cualquier improvisación sin preparación que pretenda hacer un artista, incluso es de una irresponsabilidad máxima para con el público receptor de su arte.
En política donde teóricamente existen los grandes improvisadores que han sido capaces de cambiar el curso de la historia con su retórica, estos personajes teóricamente respetables de cuello y corbata que se han transformado en referentes de lo reprochable, utilizan herramientas de la retórica, la dramatización y una acabada puesta en escena para seducir con su discurso al ingenuo votante quien comerá de la manzana creyendo en la serpiente causa final de su expulsión del paraíso. Con un mínimo análisis apartado del fervor de un discurso enardecido, se podrá saber si esas eruditas palabras son un malabarismo verbal o si realmente tienen el soporte de un conocimiento previo referido al tema tratado.
El malabarismo verbal lleno de fuegos artificiales incomprensibles pero seductores para quien los escucha, embrujan y como toda magia negra, necesita de un buen exorcismo para liberarse de su influencia maligna.
La única manera de tener herramientas para discriminar entre un verdadero contenido y una inoficiosa basura, es escuchar, el escuchar con todos los sentidos y no solo con los oídos, escuchar de lo que sabemos y de lo que ignoramos, escuchar de lo que nos interesa pero también de aquello que nos es indiferente, escuchar al erudito capaz de sostener su argumentación en datos duros y al hombre rural transmisor de la sabiduría del boca a boca. Solo después de sensibilizar todos nuestros sentidos para el acto de escuchar, realmente apreciaremos la riqueza del lenguaje oral.
Claro está, que escuchar no es lo mismo que oír.
Mientras oír solo es recibir ondas sonoras que hacen funcionar nuestro aparato auditivo, escuchar es procesar esas ondas y transformarlas en la magia de la comunicación. Es descifrar el mensaje de los sonidos y transformarlos en imágenes que nos aporten vida.
Algunos políticos nos hacen soñar con mundos mejores para todos y la historia ha demostrado que ese todos, se reduce a las cúpulas gobernantes.
Excepto honrosas excepciones rápidamente sepultadas por ser peligrosas para el establishment, la seducción de la palabra ha llevado al engaño repetido.
Defendamonos de ser una vez más victimas de sueños incumplidos con el sencillo acto de escuchar.
Escuchemos a todo quien tenga algo que decir que ya aprenderemos a discriminar entre quien habla con la verdad y quien solo utiliza fuegos artificiales para seducirnos pero sobre todo, escuchémonos a nosotros mismos para no improvisar y actuar a consciencia.
 

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