Un apunte sobre gestión cultural

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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La gestión cultural es una actividad que se viene dando de manera práctica desde hace mucho tiempo, y se entiende ésta como el desarrollo de acciones que una persona o un grupo de personas emprenden para hacer posible la generación de actividades culturales dentro de una sociedad, a través de la cooperación.
Lo anterior quiere decir, por si no se ha comprendido bien, que la gestión cultural no es un tema que sólo pueden llegar a digerir mentalmente, y a desarrollar, especialistas de especialistas, ni iniciados, porque su elemento principal es el acuerdo social.
Sin embargo, el acelerado tecnicismo con el que la época actual pretende refrendarlo todo, no para hacerlo más eficiente, sino para justificar la creación de nuevos modelos de aprendizaje, orientados a crear mercado del saber, ha venido a complicar la vida de la gestión cultural, con el cambio de significado de la misma, a partir de los procesos de especialización a que se la ha sometido mediante múltiples estrategias de capacitación, que son una forma de prolongar el negocio de la cultura que otros han montado para justificar la implantación de esa otra camisa de fuerza llamada industrias culturales.
Como consecuencia de su forcejeo con lo académico, la gestión cultural ha cambiado su naturaleza, pues del sentido de cooperación social, que era el que impulsaba sus acciones, ha pasado al de competencia, creando, entre quienes se dedican a ésta, la idea de que la mejor gestión es la que más ruido produce, y mayor posibilidad de diversión ofrece, contribuyendo de esa manera a desviar el objetivo de la actividad cultural como parte del desarrollo de una sociedad y de la salvaguarda de su identidad.
No estamos por eso muy seguros, de que la gran cantidad de cursos que hoy en día se ofrecen para capacitar o especializar a quienes se dedican a la gestión cultural hayan generado un salto cualitativo en la generación de actividades culturales, porque tenemos afirmada la idea de que en esta materia, como en muchas otras, la especialización es una consecuencia fundamentalmente de la práctica, y que el exceso de teoría termina intimidando a quienes tienen habilidades innatas para desarrollarla.
No estamos diciendo con lo antes expuesto que a las actividades que tradicionalmente se han nutrido de la práctica les estorben componentes de apoyo académico, pero sí estamos diciendo que el conocimiento es consecuencia de la fusión entre lo práctico y lo teórico, ojalá, conservando un sano equilibrio entre la influencia del uno y del otro, y que la gestión cultural ha sido tradicionalmente una actividad a la que muchos han llegado impulsados por eso que llaman vocación de servicio, pues la actividad cultural, o artística, para definirla mejor, no ha sido jamás identificada ni siquiera como una forma posible de vida económica, no obstante la proliferación de fenómenos publicitarios, muchos de los cuales cuando se perciben de cerca huelen a componenda, y la inclusión de ésta, de la gestión cultural, en los temas académicos ha creado un clima de competencia dentro del sector cultural que ha servido para dividir las actividades culturales en pequeñas, medianas y grandes, y reproducir en la sociedad, a nivel de desarrollo cultural, lo que en materia económica se da entre estos mismos niveles de división empresarial, y es que finalmente unas, en este caso las pequeñas y medianas, terminan siendo absorbidas por las grandes.
Ya sabemos cuál es la consecuencia, para la cultura tradicional de una sociedad, la intromisión de estos nuevos conceptos de gestión cultural y de industria cultural, por lo que consideramos innecesario volver sobre ellos.
 

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