Rayar y rayaaar

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Siendo estudiante de arquitectura, donde teóricamente la creatividad es la herramienta por excelencia, uno de mis profesores, uno de esos que dejan huella y que lamentablemente son los menos, que incluso me hizo repetir un año por falta de rendimiento de mi parte y que de manera singular recuerdo con gran respeto y admiración, me aconsejó después de ponerme una paupérrima calificación en ese trabajo que me hizo repetir, que si al momento de diseñar no se me ocurría algo razonable, en vez de meterme en un túnel sin salida producto de mi desesperación creciente por la entrega ad portas o me relajara pensando en que la inspiración de último minuto me podría salvar, simplemente tomara un lápiz, una hoja y rayara.
Que garabateara rayas sin sentido para doblegar esa dolorosa agresividad de una hoja en blanco. Una línea primero, después otra y otra, quizás un circulo, comenzar de nuevo y poco a poco los garabatos gráficos irían adquiriendo sentido hasta plantearme posibles soluciones que después de mucha reflexión y trabajo me llevarían sin duda a buen puerto o por lo menos, a un mejor resultado que el de no hacer nada por quedarme esperando la inspiración divina, esa que todos deberíamos saber, rara vez llega cuando realmente se la necesita.
En todas las disciplinas relacionadas con la creación, seguramente pasa lo mismo.
Si como músico no se me ocurre que componer, quizás sea bueno simplemente tararear sin sentido hasta encontrar sonidos que sean atisbos de una melodía.
Como coreógrafo, nada peor que el quedarse sentado. Mejor moverse sin intención clara.
Como escritor, siempre va a ser mejor insultar al soporte de la escritura con garabatos inconexos que respetar la inmaculada coherencia vacía.
Romper la tediosa inercia del estatismo es de las cosas más complicadas, aunque un mínimo empujoncito bastaría.
Ese empujoncito creativo lo podemos encontrar por todas partes, eso si tenemos la real voluntad de hacerlo.
El habitante urbano lo hará en el constante ruido de una ciudad siempre despierta o en los inmigrantes ilegales decorando la mendicidad de las esquinas con semáforos en rojo o en la rutina de 9 a 6 uniformando trabajadores alienados y quien viva alejado de la locura citadina, podrá encontrarla en la naturaleza inmaculada del mar en movimiento o en las montañas perforando nubes y también en esa naturaleza artificial de los sembradíos geométricamente perfectos o en el ganado pastando sumiso a su destino de matadero.
Sea cual sea la situación de un creador, su ubicación en el tiempo y en el espacio, y por supuesto en su momento emotivo, debe estar consciente de que la inspiración no llega, se debe buscar.
Lo peor que podemos hacer es sentarnos a esperar que las ideas lleguen.
He escuchado a escultores decir que la piedra les habla indicándoles cual es el material de más
¡Las ideas no llegan por si solas, las debemos ayudar!
Si rayamos lo suficiente para romper con el estatismo, encontraremos el hilo conductor para amarrar a esa musa esquiva y atarla a nuestro motor creativo.
Todo buen resultado es 1% de inspiración y 99% de trabajo.
A trabajar entonces en busca de inspiración.

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