Me gusta

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Las redes sociales son, sin duda, una poderosa herramienta que nos permite cumplir objetivos de las más variadas índoles y que cada día se transforman en una parte casi indispensable de toda actividad que llevamos a cabo.
Una de sus grandes cualidades es la velocidad, en escasos segundos podemos, gracias a ellas, enterarnos de los hechos que suceden en lugares remotos y a veces desconocidos para nosotros. En un mundo cada vez más globalizado el conocimiento se encuentra a un cómodo click de distancia y el buscar información sobre cualquier tópico constituye en una práctica a la que ya estamos bastante acostumbrados.
Simplifican mucho la vida, en algunas ocasiones.
Tanto así que hoy por hoy los niños no logran imaginarse un mundo sin Facebook, Whatsapp, Instagram, Google e internet.
Me ha sucedido de tener que explicar que en otras épocas la forma exclusiva de comunicarse era vía correo, con un tiempo de latencia de respuesta bastante amplio. Que luego el teléfono se constituyó en una herramienta de uso indispensable. Algún día le mostré a mi sobrina un viejo teléfono de esos con disco, le expliqué como se marcaba en el y le pareció lo más arcaico del mundo. ¿Y si te equivocabas en discar?, ¿Tanto tiempo se tardaba en marcar?, ¿Dónde se podía poner un aparato tan grande?, ¿No se podía llevar en el bolsillo?
En resumen, su opinión era que el teléfono era un método poco práctico y de una lentitud empalagosa. Sacó de su faltriquera un smartphone y me mostró todo un arsenal de aplicaciones (algunas útiles y otras no tanto), con las que contaba. Se río con, y del, antiguo aparato que le mostré.
La tecnología avanza día a día y es cierto, hay momentos en que yo mismo (que de nativo digital tengo bastante poco) tengo que hacer memoria de cómo me ponía de acuerdo para verme con mis primeras novias. De que al llamarlas a su casa era posible que me contestaran sus herman@s o sus padres y ello ponía en funcionamiento protocolos que en la actualidad hemos olvidado. Que por detalles muy menores a veces se malograban citas, reuniones de trabajo, e incluso amistades y relaciones se iban al tacho de la basura por no haber sido lo suficientemente explícito a la hora de comunicarse. Hoy eso no sucede, o sucede muy poco. Sin gran esfuerzo uno puede corroborar, preguntar, avisar si está atrasado y modificar los términos de acuerdos previamente pactados.
Es genial contar con tales garantías, no obstante, especulo que de alguna manera la inmersión en la rapidez vertiginosa de los medios que usamos va a la larga modificar severamente la forma que tenemos de interactuar. Y aún no estamos en posición de saber de que modo y en que magnitud, es un proceso que cambia día a día.
Facebook por si solo da material para reflexiones que podrían llenar muchas carillas.
Una de ellas es la cultura del Me gusta (con sus nuevas variantes de Me encanta, Me divierte, Me asombra, Me entristece y Me enoja) que sintetiza valores, sentimientos y emociones complejos en un solo click. Se estandariza y limita el abanico de actitudes que podemos asumir respecto a un estímulo y también se hacen cosas con el solo fin de obtener un reforzamiento positivo. Cual ratas de laboratorio muchas personas guían su comportamiento solo para recibir este pellet virtual e irse a acostar contentos luego de que una foto, comentario o enlace ha tenido buena aceptación de sus, muchas veces desconocidos, amigos virtuales.
No importa si el contenido de tal insumo es inventado, copiado, releído, compartido, de sentido común o inclusive denigrante o estúpido; lo importante es la cosecha de Me gusta que haya tenido. Los conductistas operantes estarían felices, las redes sociales son caldo de cultivo para estudios de todos tipo. Un Me gusta vale, quien sabe si en un futuro más que el dólar o una onza de cobre.
La pregunta es, ¿Para qué?
Voy a seguir pensando en ello. Si tiene Ud. alguna idea por vaga que sea, envíeme un inbox o un mensaje de voz. Llamadas en línea también sirven. Si no dispone de tiempo, un Me gusta será una un buen sucedáneo.
Haga click en Me gusta, no se arrepentirá.

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