No contaban con mi astucia

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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Compartí, durante varios días de la semana pasada, con gestores de la narración oral y con oficiantes de la misma, en el estado de Hidalgo de la república mexicana, un lugar en donde esta actividad artística ha cobrado un desarrollo que merece muchos comentarios favorables.

En una de las poblaciones de este estado, cuyo nombre es ciudad Sahagún, sucede en estos estos momentos una versión más del festival internacional de narración oral, “Ven que te cuento”, y sobre el cual, dadas ciertas características que lo convierten en un ejemplo de gestión cultural, no he resistido la tentación de hacer algunos comentarios, por considerar que es éste un buen argumento para morigerar la decepción de quienes cuando piensan en gestionar un evento artístico solo dirigen su atención a los aportes del estado, generalmente comprometidos por nexos políticos, y no siempre entregados a las propuestas más coherentes.
Para evitar confusiones me anticipo a afirmar la obligación del estado de apoyar la actividad cultural, pues tomo su negativa a apoyar la misma, como punto de partida para darle un rumbo a mi escrito y mostrar las posibilidades de acceso al recurso para hacer gestión cultural cuando se activa la imaginación y se ponen en ejercicio la voluntad y el deseo de hacer.
El gestor y conductor de este festival, que está agotando la quinta versión, Elías Manzano, es conocido en los medios de la narración oral como el chapulín, y quien al igual que el personaje de Gómez Bolaños se reviste de sencillez, paciencia y tolerancia ante las dificultades, y en ocasiones hasta aparece tímido, para no despertar los celos y las aprensiones propias de un actividad en proceso de crecimiento ágil, tal como está sucediendo con la narración oral, y la competencia de quienes por dicho crecimiento se han dedicado a buscar los espacios de ésta, convencidos de que para ser narrador oral solo se requiere de una elocuencia ilimitada y desenfrenada, de repetir las historias oídas, o simplemente de hacerse el propósito de entretener al público sin importar la esencia del mensaje ni el objetivo del mismo. Entretanto el chapulín va reptando como la serpiente, a hurtadillas, creando su entramado proceso para organizar cada versión del festival.
Una de las características, digna de mención, del proceso de organización de este festival es su composición humana, pues sin tener la condición de secreta es una logia en el sentido estricto de la palabra si entendemos la definición de logia como una agrupación de individuos que se congregan en torno de un objetivo. En este caso dicho colectivo tiene un valor afectivo, porque está integrado por el núcleo familiar consanguíneo y afín del chapulín, y con lo cual garantiza la permanencia del festival.
Aparte el apoyo familiar su gestor busca entre los diferentes sectores de la comunidad recursos en especie, mediante el intercambio de funciones por alimentación para sus invitados, convirtiendo su actividad en un ejemplo de las formas posibles de hacer gestión cultural
Muy importante es el vínculo creciente de este festival con el sector educativo, al cual pertenece el gestor del mismo, y de donde se deriva una parte importante del recurso económico, pues es intensa la programación en una importante cantidad de instituciones educativas de la sede del festival y de municipios vecinos.
Pero la amabilidad es uno de los aportes con los que este hombre a quien el dinero para su gestión no le sobra, consigue dar mucha riqueza a su evento. 

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