Qué religión tenemos?

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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La pregunta parece ser inocente porque dado que se relaciona con la divinidad todopoderosa, la responderíamos desde nuestra más profunda fe en algo sobrenatural superior a nosotros mismos, pero no nos engañemos, la respuesta no es tan fácil.
Las religiones en esencia se rigen por la fe que es creer a pie juntillas en los dogmas que dicta tal o cual grupo de administradores religiosos, dogma que al ser una verdad revelada por la divinidad e interpretada por la curia, es por tanto incuestionable. Se debe creer sin razonar siquiera sobre su verosimilitud ni poner en duda lo que se nos dé como una papilla pre digerida.
Alguna vez, los administradores de las tres religiones que más conocemos los no asiáticos, como son la religión judía, la católica y la musulmana, a pesar de tener una raíz común, decidieron separarse radicalmente para tener así influencia exclusiva y excluyente sobre territorios distintos que en definitiva les significaría poder.
Se establecieron protocolos y reglamentos a seguir para pertenecer o profesar tal o cual religión, protocolos que en esencia no son malos pues se basan en el amor y ya que el hombre no posee todas las respuestas, en algún minuto necesita aferrarse a la creencia de un ser superior a sí mismo para seguir adelante. La historia nos muestra que a pesar de la esencia humanitaria, ha sido la mala interpretación de esas sagradas escrituras la que ha traído calamidades atroces que nadie quisiera repetir pero de las cuales volvemos a saber una y otra vez ya que no son las religiones la base del fanatismo violento, sino el hombre mismo.
Está claro que para ser inhumano primero se debe ser humano.
Desde siempre las fuerzas divinas del bien se enfrentan con los demonios del mal. Unos con alas e instrumentos musicales, los otros con cachos y fuego.
Los unos en el paraíso, los otros en el infierno.
Sin embargo hoy en día pareciera que la fe se basa en el odio hacia alguien o algo, llámese grupo religioso distinto por supuesto perverso, género sexual considerado anormal y hasta demoniaco, color de piel demasiado obscuro, país subdesarrollado,…
Existe tal variedad de creencias que nuevamente los administradores de las verdades reveladas, las han tenido que renovar. El demonio ya no es un ser del ideario sino que es tangible porque piensa diferente a nosotros y por lo tanto está equivocado.
Ya no solo se le representa sino que los medios se encargan de registrarlo en cuanto soporte sea posible; audio, video, fotografía, artículos,...
Las religiones pareciera ser que se crearon por el hombre como una manera de protegerse a sí mismo de lo desconocido pero ahora ya se conoce al antagonista y se lo debe exterminar.
No importa si las razones son o no válidas, si lo que se piensa es o no comprobable o si la verdad es la que nos cuentan o no. Lo que importa es exterminar la amenaza a como dé lugar. Se ha generado el escenario ideal para incubar fanatismos.
Las antiguas religiones que propendían a una paz espiritual comunitaria, han sido reemplazadas por creencias del tipo egoísta donde lo único que el individuo esté bien, sin importarle si para eso debo pararse sobre la dignidad de otros.
El ritmo de la vida contemporánea nos hace difícil el parar por un segundo a reflexionar sobre nuestro actuar y solemos dejarnos llevar por la opinión que otros introducen en el inconsciente colectivo del cual formamos todos.
Que tal o cual pueblo es una raza maldita de terroristas, a pesar de que gran parte de la cultura contemporánea les debe muchísimo.
Que esos inmigrantes no merecen estar en nuestro territorio, cuando algún día fuimos nosotros quienes los invadimos y no precisamente como una necesidad imperiosa de supervivencia sino por simple avaricia.
Que vuelvan a su lugar de origen porque aquí no los necesitamos.
Hoy en día el mundo se transformó en una pequeña aldea global donde la territorialidad parece extinguirse gradualmente.
Vamos, hagamos un esfuerzo por vivir en paz y volver a creer en lo inexplicable de nuestra maravillosa creación donde todos somos, si no iguales, por lo menos infinitamente parecidos.
Que la razón y el sentimiento se unan para vivir, dejar vivir y ayudar a vivir.
¡Amén!

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