Expresiones descendentes

Escrito por Germán Jaramillo Duque el . Publicado en Columnas
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El lenguaje se transforma a medida que las sociedades se mueven, y las palabras se debilitan socialmente, hasta consumirse, como consecuencia del desarrollo de la tecnología, que saca de circulación las palabras que ya no le son útiles, del desuso de un valor social, de la inactividad de una actitud, de la modificación de una manera de ser, o de una costumbre reguladora, y esos espacios vacíos se van llenado con otras expresiones, que empiezan a regular nuevas formas de ser y de actuar, sin consultar a nadie, porque del lenguaje sólo nos enseñan a utilizar su valor de uso, que es el que sirve para mantenernos conectados y dar la impresión de interacción y colectivo.
Dichas transformaciones, que terminan incidiendo profundamente en la conducta del ser humano, es, a pesar de ello, algo que ocurre a sus espaldas, porque el lenguaje es un acto mecánico de intermediación, que se halla en la parte consciente del individuo, como todo lo demás que le sirve para su desenvolvimiento, no necesariamente su desarrollo, en sociedad.
Voluntad, por ejemplo, es una palabra que al paso que van las cosas va a terminar siendo una simple expresión que, como cascarisquirisqui, nada a nadie dice cuando se pronuncia, porque los actos de la gente se observan menos individuales y hacen que ésta abandone, poco a poco, y sin que nadie se alarme por el caso, sus identificaciones como libre albedrío, o libre determinación, o facultad de decidir y ordenar la propia conducta, o gana o deseo de hacer algo, o consentimiento, asentimiento y aquiescencia, o la elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue, según son algunas de las definiciones que el diccionario de la real academia de la lengua española, aún porfía en mantener en sus páginas.
A medida que pasan, no ya los años, ni los meses, ni siquiera los días, sino las horas, o tal vez sean los minutos, porque los procesos, si es que aún existen, son hoy en día muy breves, vamos siendo menos nosotros mismos, o mejor, menos capaces de desear nuestros deseos, de concretar nuestros intereses individuales y en consecuencia de proyectar nuestros objetivos personales, debido a que los actuales modelos de interacción dan una idea de libertad y democracia informativa, en colectivo, que parte de la apariencia de permisividad absoluta para acceder a toda la información, produciendo una creencia de desarrollo mecánico en el que nuestra participación no es necesaria.
Cada día es mayor el riesgo de actuar de manera involuntaria, impulsados por los mecanismos de control conductual que se ejercen desde los diferentes estímulos sociales, cuya finalidad es poner a pensar y a sentir a todos de igual manera.
Si no nos movemos, nos hacen mover, y si insistimos en no hacerlo, nos mueven a la fuerza. Si no reímos, nos hacen reír, y si nos resistimos a hacerlo, nos excluyen. Si no saltamos nos hacen saltar, y si no gritamos nos hacen gritar, porque estamos obligados a demostrar optimismo y alegría; en cambio, si no pensamos, nos dejan tranquilos, porque de esta manera no estamos perturbando a nadie, ni poniendo en riesgo ninguna institucionalidad.
Voluntad es una de las expresiones que, por varias de las razones expuestas arriba, cada día será más difícil definir en el lenguaje del futuro, porque siempre estarán valorando el comportamiento de sus residuos, para impedir su restablecimiento. 

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