Confieso que he vivido

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Confieso que he vivido es el título de una de las grandes obras del escritor Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto.
¿Autor poco conocido?
Ese fue el nombre con el que fue bautizado a su nacimiento, Pablo Neruda, poeta chileno ganador del premio Nobel de literatura el año 1971.
Dado que muchas veces las obras suelen sobrepasar a sus autores, hacia el final de su vida debió cambiarse legalmente el nombre porque nadie conocía a Neftalí pero muchos a Pablo.
Siempre pensé que la palabra confesión tenía implícita una dosis de culpabilidad ya que al escucharla, solemos o al menos yo, la asocio con vocablos como juez, jurado, ladrón, asesino, situándolas todas en un mismo escenario delictual al estilo de Eliot Ness y sus intocables. Sin embargo al revisar un simple diccionario de nuestro idioma, mi fantasía se vio contradicha.
Confesión es un término que proviene del latín confessĭo y se trata de la declaración que realiza una persona, ya sea de manera espontánea o al ser preguntada por otro sujeto. La confesión suele incluir datos hasta entonces desconocidos por el oyente.
Aunque en una confesión delictual sin duda existe culpabilidad, en esta definición genérica nada hay que implique ni la más mínima dosis de culpabilidad.
Incluso cuando un abuelo le relata a su nieto aventuras de juventud, le está confesando capítulos de su vida para recordar episodios gloriosos que idealmente revive, al menos en su fuero interno.
¿Y tú lector?
¿Tienes algo que confesar?
Ojala pudiese escuchar tu si ensordecedor seguido por una cascada incontrolable de palabras describiendo experiencias pasadas pero por sobre todo planes y anhelos futuros capaces de crear nuevas experiencias y recuerdos.
Lo digo, lo repito y lo seguiré repitiendo; hasta donde sabemos a ciencia cierta, la vida es una sola y finita, acotada a unos pocos años, por lo que debemos vivirla a plenitud llenándola de experiencias enriquecedoras sin perder un solo minuto. Incluso cuando creemos haber perdido una batalla o estar defraudados con alguna experiencia negativa, el contratiempo nos sirve de aprendizaje para no repetir el error o potenciar positivas vivencias futuras.
Confieso que he vivido fue una obra publicada por la viuda del poeta quien recopiló escritos de Pablo, los organizó y los transformó en un espléndido libro.
El ritmo desquiciado de la vida que nos ha tocado vivir suele dejarnos día tras día agotados con solo la voluntad de desmayarnos en nuestra cama, abrigando la esperanza de descansar.
El gran error que cometemos es que el mayor descanso de todos no es cuando nos desconectamos de la realidad sino cuando nos conectamos con otras realidades, sean estas posibles o no.
La mente domina al cuerpo al punto de enfermarlo e incluso sanarlo. Si nuestra mente está bien, nuestro cuerpo debería imitarlo, por lo que estimular nuestra mente y nuestros sentidos es el ejercicio reparador que todos deberíamos hacer.
¿Y qué mejor que estimularnos a través de las proposiciones que nos hace el arte?
Escuchar música, ver una obra de teatro, leer un libro, estimularnos con el mágico lenguaje de las artes no solo hará descansar a nuestra mente sino que la ayudará en la búsqueda de nuevas respuestas a los problemas de siempre.
El cansancio es inevitable y nos hemos acostumbrado al mal descansar.
No confesemos que hemos vivido, confesemos que estamos viviendo.

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