Trabajo en equipo

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Vuelvo a darme la licencia de escribir sobre deportes, principalmente porque tengo la firme convicción de que es en esta área desde donde nacen las historias y narraciones más contadas día a día en todo el mundo.
Indirectamente me referí a ello en una columna anterior (Épica) y sigo sosteniendo lo mismo, el atractivo que tiene esta disciplina para nosotros es que despierta emociones de las que nos apropiamos hasta llegar a sentirlas, inclusive propias.
Destaca el fútbol, con esa capacidad increíble de hacer a miles de personas latir al mismo pulso durante una hora y media, tanto dentro como fuera del estadio.
El fin de semana recién pasado tuve la alegría de ver a la selección nacional de fútbol de mi país, Chile, alzar la Copa Centenario. Día lunes por la mañana todo era hablar de eso. Con gran frecuencia escuché la frase “Ganamos”, otras tantas veces “Somos campeones”, entre otras varias que hablaban de pertenencia y de sensación de ser parte de algo más grande.
El triunfo era y es propio. Escuché en el Metro a niños conversando sobre el partido, relatando paso a paso la ronda de penales. Hablando de la emoción que debió haber sentido cada lanzador, en su técnica, de su lenguaje corporal, añadiendo datos extra para darle sazón y como no, interrumpiendo el propio relato para dejar participar a los otros interlocutores en una construcción de voces combinadas, que también resulta grupal.
Creo que esa es la gran diferencia que existe hoy en día en el terruño al disfrutar el fútbol, en específico, y es que existe un colectivo. Es muy grato observar un equipo, entidad que dista mucho de un simple grupo o de individualidades unidas de forma artificial y forzosa por un fin común.
Sentirse campeón después de tantos años de derrotas y triunfos morales es un privilegio y una emoción que a cualquier persona, independiente de si disfrute o no del fútbol, le encantaría vivir.
Por eso también se va a festejar a Plaza Baquedano, aún con frío extremo y a altas horas de la noche. Se disfruta de compartir la alegría con personas que sienten lo mismo que uno y que también vieron a otras selecciones perder y perder cuando la esperanza estaba situada en un par de figuras talentosas que, quizá, con algo de suerte podían salvarse de una derrota vergonzosa.
En la cancha hoy nos pasa todo lo contrario.
Esa es la impronta, trabajar en conjunto nos hace más poderosos, nos hace disfrutar más de lo que se hace y darle más sentido. La ciencia posulta que cuando sufrimos dolor en grupo, parece herir menos que al ser experimentado en forma individual. El sentido de pertenencia no hace más fuertes en varios sentidos.
Se ve en la cancha, cuando un Medel choca contra un poste y sigue jugando como si nada. Cuando un Díaz es expulsado y sus compañeros hacen el doble de esfuerzo para suplir su ausencia. También cuando un Sánchez es pateado sin compasión por un frustrado rival y aguanta dos horas con un tobillo prácticamente destruido, cuando un Vidal erra un penal y sus compañeros le animan y consuelan.
Esa es la clave que nos ha dado esta gran alegría y que la dio también el año pasado el trabajo en equipo por sobre el lucimiento egoísta de unos pocos. Una labor sintonizada y empática de cada uno de los componentes. De un aprendizaje acerca de los propios errores para ir en busca de la propia superación, sin echarse a morir, sin ponerse a llorar, sin aislarse y, por sobre todas las cosas, siempre dando lo mejor de sí para los demás compañeros de batalla.
Once contra once ha habido grandes mejorías.
¿Nos vamos a contentar con eso?
¿Y en otros ámbitos qué?
¿Qué pasaría si esa misma sincronización y organización la extrapoláramos a otras áreas?
¿Qué pasaría si nos pusiéramos de acuerdo para cambiar el sistema de AFP y jubilarnos dignamente sin hacer ricos a los empresario?
¿Cuál sería el resultado de exigir que políticos corruptos salgan del poder?
¿Cómo podemos cooperar para que exista más justicia en el país?
Somos campeones (no solo de fútbol) y me alegran las victorias deportivas.
Tenemos en nuestra repisa la famosa copa Centenario, tal vez Chile dé mucho que hablar en el mundial de Rusia y eso me pone muy contento.
Espero que seamos campeones algún día en salud, educación, equidad y calidad de vida.
La clave es: trabajo en equipo.

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