Un año leyendo el mundo

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Cierto día la británica Ann Morgan miró con detalle sus estantes y repisas para darse cuenta que sus gustos en cuanto a lectura distaban en gran medida de sus intenciones de “leer de todo un poco”.
No necesitó mucho análisis para observar de que la gran mayoría de su material bibliográfico tenía como autores a escritores anglo-parlantes, provenientes principalmente de Estados Unidos, y su natal Inglaterra.
Fue así que esta escritora independiente decidió tomar un reto en primera instancia parecía de sumo interesante, retador y único: leer un libro de cada país sobre el globo terráqueo.
Su primer desafío, de entre muchas otras barreras que debió superar, fue decidir que países considerar y cuales dejar fuera. Para ello utilizó la lista de naciones reconocidas por la ONU (seleccionando 195 países en primera instancia, incluyendo más tarde a Taiwán).
Otro desafío era conseguir el material, de autores y lugares tan diversos, traducidos al Inglés; ya que del total de libros que circulan en el Reino Unido solo un 4,5% de ellos son traducciones.
Con esa inquietud en mente abrió una página web (www.ayearofreadingtheworld.com), con la que pudo interactuar con personas de países muy distantes y acceder a apoyo en su proyecto que de otro modo no habría tenido.
A los pocos días contaba con un buen número de seguidores en cada rincón del planeta, los que sugerían las lecturas a llevar a cabo, los autores de moda o más representativos y que, incluso, en más de alguna ocasión, le enviaron personalmente algunos ejemplares para que no perdiera tiempo en buscarlos.
Al contar con ayuda la tarea se hacía un poco más llevadera día a día.
No obstante, para cumplir con su objetivo debió ser muy organizada, no solo se trataba de abordar casi dos centenas de libros. Adicionalmente había un límite temporal que cumplir, no sobrepasar un año antes de haberlos leído todos.
El promedio de páginas diarias resultó ser la no despreciable cantidad de ciento cincuenta. Manteniendo ese ritmo pudo abordar cuatro manuscritos a la semana. Con una lectura de doble turno, dos horas en cada mañana, dos horas por la tarde y en ocasiones con unas hojas extra durante el almuerzo.
Notas acerca de cada lectura fueron elaboradas, con gran detalle cuando aportaban datos específicos de la cultura a la que hacían referencia.
El método de elección fue más bien libre, el seleccionado bien podía ser el que llamase más la atención, despertase curiosidad por lo desconocido, fuera más accesible o fuera presentado por alguien a través de los comentarios o recomendaciones de colegas o argumentaciones muy convincentes escritas en la página web.
Explorando dicha página (aunque no está dedicada exclusivamente a ello) uno puede encontrar gran cantidad de detalles sobre la actividad de Ann Morgan en el ya pasado año de 2012, dedicado en exclusividad a su proyecto.
La lista completa está disponible, con detalles, fichas y resumenes.
Me enteré así que leyó: La vida privada de los árboles de Alejandro Zambra, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño, La Casa de los Espíritus de Isabel Allende y obras (no detalladas) de Alberto Fuguet, Diamela Eltit, María Luisa Bombal y Luis Sepúlveda, todas de autores chilenos.
De países vecinos: Delirio (Laura Restrepo, Colombia); Lituma en los Andes (Mario Vargas Llosa, Perú); La gallina degollada (Horacio Quiroga, Uruguay); Segundos afuera (Martín Kohan, Argentina); Sangre Dulce (Giovanna Rivero, Bolivia); Como agua para chocolate (Laura Esquivel, México); La enfermedad (Alberto Barrera Tyszka, Venezuela); por mencionar solo algunos textos.
Ann Morgan cumplió su objetivo y logró leer al menos un libro de cada país antes de que el mundo hiciera un movimiento de traslación completo, pero revisando su página o mejor dicho su bitácora web, me doy cuenta de que no se contentó con solo uno por patria.
Sigue leyendo a un ritmo aceleradísimo y dudo que deje de hacerlo mientras el mundo se siga moviendo. No es una año, será una vida leyendo al mundo.

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