Cable a tierra

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Hace ya un par de semanas que no logro llegar a buen puerto con ningún artículo que yo considere razonable. Por supuesto he tenido varias partidas de caballo inglés con desastrosas llegadas de burro. Comienzo a desarrollar una idea que supongo interesante y al poco escribir me doy cuenta de que ni yo mismo me creo los débiles argumentos con ínfulas de algo o simplemente me distraigo y después no puedo retomar el hilo.
Si escribo en mi teléfono, cosa que suelo hacer mientras voy en el transporte público, entra una llamada, por lo general para venderme o cobrarme algo y me saca por completo de mi concentración.
Si le robó unos minutos a la rutina diaria en el trabajo, los deberes por hacer se acumulan y termina por vencer el debo hacer, al quiero hacer.
Si en casa trato de escribir, demasiada familia revoloteando, cada uno con sus necesidades obviamente insatisfechas.
Y en el baño, único espacio de profunda intimidad, los resultados obviamente no son de los mejores.
Me es cada vez más difícil escaparme a esa isla solitaria habitada sólo por mi conciencia y mis divagaciones.
No pretendo transformarme en un bicho raro viviendo al margen de la sociedad filosofando en arameo pero de vez en cuando es bueno abandonar nuestro metro cuadrado de existencia para analizarlo con la suficiente distancia. Llegar al límite del hilo de plata pero obviamente, sin ningún deseo de que este se corte.
¿Y nada mejor que hacerlo a través de la mirada siempre crítica de las artes?
Aunque es evidente la existencia de excepciones, el buen arte no debería tener otro compromiso más que el del creador con su propia conciencia.
No porque el mural sea auspiciado por un banco, en cada centímetro de imagen se pretenda convencer sobre la calidad de tan filantrópica institución monetaria.
Guernica, el famoso cuadro de Picasso, tiene una connotación de denuncia. Un grito político que se escuchará por siempre. Son conocidos los bosquejos previos antes de llegar a la obra final, por lo que durante el proceso creativo hubo mucha reflexión comprometida. Reflexionar, crear, arte, humanidad.
Las artes en general tienen la cualidad de hacernos reflexionar de manera no necesariamente lógica, con una componente sensitiva capaz de encontrar nuevas respuestas a las preguntas de siempre. Tanto el creador como el usuario de esa creación son quienes se favorecen de esta cualidad.
Las artes no hacen más que representarnos sin ningún tipo de censura para evidenciar toda nuestra nobleza y también lo bajo que podemos llegar.
El hombre vive en un constante equilibrio inestable entre dos polos radicalmente opuestos y cuando llegamos cerca de uno de esos extremos somos ciegos a esa condición.
Afortunadamente tenemos las artes que pueden constituirse en nuestro cable a tierra antes de que toda nuestra existencia se transforme en un inmenso cortocircuito.
Si nos consideramos incapaces de crear, aunque todos somos potencialmente dioses creadores con la facultad tanto de crear como de destruir, al menos dejemos que la creación de otro sensibilice nuestros sentidos para abrirnos los ojos ante nuestro actuar y devenir.
Permitámonos que así sea.
Vivamos arte.

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