Mente y cuerpo

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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A veces nuestra mente y nuestro cuerpo no coinciden en el mismo espacio físico.
Mientras nuestro cuerpo material nos lleva de un lugar a otro en el transporte público, nuestra mente prefiere volar por aquellos parajes que nuestra imaginación crea para nosotros. En la fila del banco nos escapamos a una playa de arenas blancas con cocoteros inclinados brindándonos la sombra necesaria, en la oficina nos escapamos a una montaña para mirar hacia abajo la contaminación en nuestras vidas, en una discusión familiar nos escapamos a cualquier parte pero nos escapamos.
Reconozco que tal actitud pareciera enfermiza y escapista pero creo que en más de alguna oportunidad, antes de explotar, todos lo hemos hecho o al menos hemos querido hacerlo.
Quizás no todos tengan la capacidad o voluntad de dejarse llevar por la imaginación, asunto que requiere sin duda de un entrenamiento y prefieran enfrentar el día a día sin esperanzas de algo mejor.
Para explicarme de manera adecuada, no quiero decir que debamos vivir eternamente en lugares imaginados fuera de la realidad física pero estarán de acuerdo conmigo que escaparse de vez en cuando nos recargara de energías para seguir adelante.
¿De que vale embarcarse en una discusión eterna siguiendo prácticamente un guion pre determinado, por tanto con resultados predecibles y malestar asegurado?
¿Por qué no tomarse unos segundos para ver desde lo alto nuestra vida en perspectiva y después de respirar por al menos un segundo aire puro, seguir trabajando en aquello que no necesariamente nos apasiona pero nos alimenta?
¿Para qué refunfuñar con lo lento que avanza la fila si podemos llenar de detalles nuestra playa blanca?
Por estas latitudes una marca de cerveza tomó como slogan algo así como “encuentra tu playa”. Que inteligentes.
Es bien sabido que el poder de la mente no solo puede llegar a enfermar un cuerpo sino a sanarlo también.
Un hipocondriaco perfectamente puede llegar a desarrollar un cáncer incurable por el solo hecho de pensarlo y también se han dado casos, aunque no científicamente explicados, en que personas han mejorado de enfermedades supuestamente incurables por el solo hecho de no rendirse. Y si no fuese tal el poder sanador de la mente, al menos el efecto placebo es absolutamente real.
La mente es todo poderosa con la facultad divina tanto de crear como de destruir.
Usémosla entonces para moldear nuestra realidad y transformar nuestro espacio vital en un paraíso aquí en la tierra.
El arte, creación de la mente alimentada por el sentir más puro del ser humano, es capaz de ayudarnos a construir ese mundo en el que quisiéramos vivir.
Aunque seamos potencialmente creadores, por el miedo al error, miedo infundado ya que en la creación no existe el error, no nos atrevemos a crear. Podrán existir creaciones buenas y malas pero nunca erradas. Aun así, si no nos atrevemos a crear, vivamos la creación de otros para llenar de belleza nuestro espíritu y afrontar así de mejor forma una discusión familiar, la fila del banco, el trabajo,… la vida misma.

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