Máquina biológica

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Sin duda somos una compleja máquina biológica con la característica particular del libre albedrío que nos da la ventaja de equivocarnos.
¿Cómo que ventaja?
Una máquina repite hasta el infinito el mismo proceso para el cual fue diseñada sin equivocarse jamás, eso sí tiene la adecuada mantención de sus piezas y partes. No aprende nada, no aporta al conocimiento, sólo repite una y otra vez aquello para lo cual fue concebida. De vez en cuando se le cambiará una pieza, se lubricará algún engranaje y de vuelta a lo mismo 24/7 ad eternum.
El hombre en cambio, aunque esté en óptimo estado de funcionamiento, joven, buen estado físico, bien alimentado, con todas sus horas de sueño, ya sea por su porfía producto de un ego omnipresente o una simple casualidad, si tiene la capacidad de equivocarse. Es entonces cuando producto de su libre albedrío errático, se verá forzado a encontrar nuevas soluciones para los problemas de siempre.
Por supuesto que gracias a los aciertos es que hemos llegado al nivel de desarrollo actual donde por ejemplo, en el ámbito de las comunicaciones, Internet ha reemplazado a los tambores pero no debemos olvidar las innovaciones surgidas a partir de un error. Baste mencionar que el popular horno de microondas se descubrió gracias a un error en el desarrollo tecnológico tendiente a mejorar los radares.
¿Bueno o malo? eso da para una larguísima discusión.
Lo único incuestionable es que nuestro libre albedrío, causa de la mayoría de nuestros errores, nos hace avanzar y retroceder constantemente pero después de hacer una raya para la suma, el resultado por lo general es positivo.
Para algunos el equivocarse es causa de frustraciones y traumas inmovilizadores mientras para otros es motivo de re planteos y nuevos inicios.
Como decía Einstein, cada crisis puede representar una nueva oportunidad.
Estamos tan ocupados en buscar la paja en el ojo ajeno que somos incapaces de encontrar esa viga inmensa frente a nuestros ojos impidiéndonos la visión, que no sólo nos equivocamos una vez sino que somos capaces de equivocarnos una y otra y otra vez fallando siempre de igual manera.
¿Y qué?
No todos aprendemos al mismo ritmo y por último, quienes no aprendan jamás, tendrán que adaptarse a las consecuencias de sus errores. Sea como sea, el error implica cambios adaptativos tan radicales como la vida misma.
Buscar la perfección es el camino a recorrer sabiendo que al igual que todos los ideales humanos, verdaderamente son inalcanzables pero es la guía a seguir. Nunca llegaremos al faro pero al menos nos guiará para no naufragar contra los roquerios.
Somos una maquina biológica con funcionamientos predecibles pero lo que nos diferencia de otras máquinas del mismo tipo es nuestra capacidad de equivocarnos pero sobre todo la supuesta capacidad de aprender de esos errores para no repetirlos. Está claro que es un supuesto errado pero no debemos abandonar la confianza en nuestra capacidad de cambio. Muchas filosofías de vida plantean que el hombre no es perfecto pero si perfectible.
A perfectibilizarnos entonces para mejorar el rendimiento de nuestra maquinaria.

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